Redacción elDigital.com.do

Este pedazo de tierra alta se convirtió en el primer santuario mariano de América, transformando a La Vega en la capital espiritual de la isla cada 24 de septiembre, Día de la Virgen de las Mercedes
Hay lugares donde la geografía y el espíritu se confunden. Uno de ellos vigila silencioso el Valle de La Vega Real, envuelto en ráfagas de viento fresco y aroma a dulces de leche artesanal. Es el Santo Cerro, un santuario que no solo custodia la fe de una nación, sino que resguarda más de cinco siglos de historia viva, leyendas coloniales y una de las vistas más impresionantes de la República Dominicana.
Para entender la magia del Santo Cerro hay que retroceder en el tiempo, hasta 1495. Cuenta la crónica histórica (y la ferviente tradición popular) que en este mismo lugar Cristóbal Colón mandó a erigir una cruz de madera de níspero.

Durante los enfrentamientos entre los colonizadores y los indígenas taínos, se dice que la Virgen de las Mercedes hizo su aparición para pacificar el conflicto.
Verdad documental o misterio de la fe, el resultado es innegable: este pedazo de tierra alta se convirtió en el primer santuario mariano de América, transformando a La Vega en la capital espiritual de la isla cada 24 de septiembre, Día de la Virgen de las Mercedes, y donde miles de feligreses se dan cita en busca de liberación.

Es común ver a personas subiendo la cuesta a pie, cumpliendo promesas por milagros de salud o agradeciendo favores concedidos.

Su fachada de ladrillos rojos combinados con blanco destaca contra el azul intenso del cielo cibaeño. En su interior, los peregrinos buscan con la mirada el lugar exacto donde, según la tradición, estuvo plantada la cruz original de Colón.
Es un emblemático santuario histórico y religioso ubicado en una colina a 8 kilómetros al norte de Concepción de La Vega, en la región del Cibao de la República Dominicana.
