María Fals
La autora es crítica de arte
Es, sin dudas, uno de los intelectuales más destacados de la República Dominicana y ha trabajado incansablemente en la difusión internacional de nuestros valores artístico-culturales.
Geo Ripley, dominicano, Doctor Honoris Causa de la Universidad de Tamaulipas, se graduó de profesor de artes plásticas en la UASD en el año1972, con Postgrado en Italia en Nuevos Materiales, en Historia del Arte Antiguo y una especialización en arqueología.
Geo es un constante investigador de todo lo existente en el mundo terrenal y en el de las esencias, quien todo lo indaga a través de la ciencia, el arte y espíritu.
Fue encargado del Departamento de Patrimonio Cultural Inmaterial del Ministerio de Cultura y Consultor de Naciones Unidas para Proyectos de Asentamientos Humanos y Viviendas.
Es, sin dudas, uno de los intelectuales más destacados de la República Dominicana y ha trabajado incansablemente en la difusión internacional de nuestros valores artístico-culturales.
El 30 de septiembre de 2021, fue reconocido por el Centro Perelló de Baní como Guardián de la Cultura Dominicana y en febrero del 2022 el Saint Michael’s School le hizo entrega de un diploma por sus aportes al rescate de la cultura inmaterial de nuestro país.
Ha hecho exposiciones y presentaciones performáticas en países tan diversos como República Dominicana, Alemania, Cuba, Venezuela, Brasil, Francia, Italia, Estados Unidos, España, Colombia, Honduras, El Salvador, Inglaterra, Bolivia, Jordania, Senegal, India, Haití, Jamaica, Trinidad Tobago, Barbados, Suecia y Ucrania; en el camino de Santiago están las huellas de sus pasos, recorrió las líneas nazca del Perú y las selvas de Nigeria para conocer los secretos escondidos de aquello “que es invisible a los ojos”.
Según Sayuri Guzmán, en su artículo “La performance en República Dominicana”, publicado en el blog performanceología.blogspot.com en julio del 2007: “A partir de los setenta, Geo Ripley, identificado como una de las principales figuras de vanguardia del arte dominicano comienza a trabajar la cultura indígena y negra en los performances y happenings con altares rituales, la mayoría de estas acciones las realizó en el extranjero”.
Esta artista e historiadora del arte, menciona además uno de sus performances más significativos, “La paloma degollada”, “en donde Geo realizó un corte limpio semicircular sobre un papel para presentarlo al público”.
En la 19 Bienal de Arte de Sao Paulo de 1987, cabalgó sobre un caballo blanco, semidesnudo, con el cuerpo recubierto de polvo rojo, al son de los tambores, exaltando a través de la provocación, la búsqueda de la libertad.
En el 50 Aniversario del MOMA (1980) fue el único artista dominicano que presentó una obra, en este caso el videoarte “Pijao”.
En el año 2007, en el Museo de Arte Moderno, a través de la muestra “Geo Ripley, 9 Número de Ancestros/Autorretrato”, mostró cincuenta obras, donde hacía alusión a las mitologías amerindias, africanas y afrocaribeñas. Aquí, este mago de arte único se reveló tal como es: un maestro del criterio integrador de las artes, que vincula la música, el movimiento escénico, el videoarte, la fotografía, la palabra, la acción y la iluminación, en una estética sugerente ante la cual nadie puede quedar indiferente.
En “Ad majorem dei Gloriam” (2016) presentada en la Galería Nacional de Bellas Artes de Santo Domingo y el Centro Perelló de Baní, mostró creaciones pictóricas de profundo sentido espiritual como “El arcángel San Miguel”, la “Virgen de la Altagracia” y la “Virgen de la Caridad del Cobre”, aunadas a través de la acción plástica y de una música de sonidos armónicos vinculantes, en un contexto donde lo espacial y lo temporal complementaron las obras bidimensionales.
En la Casa de Cultura de Jarabacoa en septiembre de 2021, a los seis meses de una fuerte crisis de salud y aún recuperándose de una delicada intervención quirúrgica, este ejemplo de resiliencia y profundidad de ideas expuso su individual “Yucahú Baguá Maorokoti, El Señor de la Yuka y del Casabe”. Allí resonó el sonido del gong, complementado por la vibración de los cuencos tibetanos en las manos de su esposa Fior D. Mateo. En ese lugar, “donde Dios duerme”, todos los presentes fueron protagonistas de un encuentro inolvidable con el arte en sus diversas manifestaciones.
Desde octubre del 2024 hasta enero del 2025, el Centro Perelló de Baní fue escenario propicio de su retrospectiva “Geo Ripley, 60 años. De las sombras a la luz” El acto inaugural en si mismo fue una acción cómplice, ideada por Geo, donde se hizo creer al público que el artista se había ido a las galaxias, se habló de su vida y obra, se presentaron grupos folclóricos tradicionales de Baní, el Sermón de Montesinos fue dramatizado como un mensaje de resistencia y liberación, se leyeron poesías del autor y se apreciaron en la sala Belkis Adrover obras de las primeras etapas creativas del homenajeado.
Como culminación, el público, portando velas, penetró en la sala Gilberto Hernández Ortega que se encontraba a oscuras, siguiendo a Julia Castillo, artista y directora del Centro Perelló. De pronto se encendieron las luces, invocadas por el grito “De las sombras a la luz” y Geo, sentado junto a Fior en sendos y rústicos tronos ceremoniales, agradeció al público, ofreciendo inmediatamente una visita dirigida a través de la muestra, decodificando sus “”Embryos” y sus “Ignis”, sus Vírgenes y santos, haciéndonos vivir momentos inenarrables en el rincón de Madre África con su escultura, sus telas y su estatua viviente, apreciar su homenaje a la raíz hispana e interpretar estética y conceptualmente su instalación en honor a las culturas precolombinas.
Para definir finalmente a Geo, el artista y ser humano, hombre-performance de vida y esperanza, utilizo las significativas palabras que escribió para él Marcos González, a raíz de su exposición individual Yucahu. Baguá. Maorokoti.
“El Señor de la Yuka y del Casabe” y que lo retratan de cuerpo entero: Lo esencial y lo eterno suelen ser simples. Están a la vista o al doblar, en cada recodo del camino. El golpe de la mano en el tambor, el aleteo imperceptible de la abeja, la caricia del sol sobre la piel, la humedad del aire antes de la tormenta, la vibración de la tierra fecunda cuando es desgarrada dulcemente por la fértil simiente, tal vez esa sea la razón por la que los grandes hacen el camino descalzos y ligeros de equipaje, llevando a cuestas solo los sueños y los recuerdos imprescindibles para no perderse a sí mismos en engañosos laberintos del parecer y del tener, para encontrar muy dentro de su espíritu el camino luminoso de la trascendencia.





