Julio Sesar Mateo
El autor es Ingeniero Civil, Economista y Docente Universitario
La inteligencia artificial, la robótica y la automatización están modificando la manera de producir. Algunas tareas serán sustituidas y determinadas ocupaciones perderán importancia. Sería ingenuo negarlo. Pero debemos diferenciar entre sustituir determinadas tareas y sustituir al ser humano de la producción.
En los últimos años se han multiplicado las teorías que sostienen que el desarrollo tecnológico, la inteligencia artificial y la automatización terminarán desplazando al ser humano de la producción mundial. Algunas están sustentadas en investigaciones; otras responden más al temor y la incertidumbre que generan los cambios acelerados que estamos viviendo.
Sin embargo, esta preocupación no es nueva. Desde la Revolución Industrial, iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII, la incorporación de máquinas a los procesos productivos ha despertado temores sobre el futuro del trabajo. La máquina de vapor, cuyas importantes mejoras fueron realizadas por James Watt a partir de 1765, transformó la producción y generó interrogantes similares a los que hoy provoca la inteligencia artificial.
En 1798, Thomas Robert Malthus publicó Ensayo sobre el principio de la población, planteando que la población tendía a crecer más rápidamente que la producción de alimentos, lo que podía generar presión sobre los recursos y conducir a hambre, pobreza y conflictos.
Décadas después, la realidad tecnológica comenzó a demostrar que la capacidad productiva podía ampliarse mucho más de lo que se había previsto. En 1965, Ester Boserup, en Las condiciones del crecimiento agrícola, planteó que la presión demográfica podía estimular la innovación, la intensificación agrícola y el cambio tecnológico.
La historia económica nos enseña, por tanto, que la tecnología no solamente sustituye capacidades existentes; también amplía las capacidades humanas.
Hoy enfrentamos una nueva transformación. La inteligencia artificial, la robótica y la automatización están modificando la manera de producir. Algunas tareas serán sustituidas y determinadas ocupaciones perderán importancia. Sería ingenuo negarlo.
Pero debemos diferenciar entre sustituir determinadas tareas y sustituir al ser humano de la producción.
Una máquina puede ejecutar una operación repetitiva; un algoritmo puede procesar millones de datos y un robot puede realizar determinadas actividades con mayor velocidad y precisión. Pero producir también implica crear, decidir, innovar, interpretar necesidades, resolver problemas y asumir responsabilidades.
La tecnología, en consecuencia, no debe entenderse necesariamente como enemiga del trabajador. La computadora no eliminó la necesidad de profesionales; transformó sus actividades. Internet no acabó con la comunicación humana; amplió su alcance. La automatización no eliminó la producción; permitió producir de manera diferente y a mayor escala.
Alvin Toffler, en El shock del futuro, publicado en 1970, advertía sobre una sociedad sometida a una velocidad de cambio que podía superar la capacidad de adaptación de las personas y las instituciones. Más de cinco décadas después, esa advertencia mantiene plena vigencia.
El verdadero desafío no es detener la tecnología, sino preparar al ser humano para utilizarla.
Los sistemas educativos deberán adaptarse, las empresas invertir en capacitación y los trabajadores desarrollar nuevas competencias. La capacidad de aprender y adaptarse será cada vez más importante.
Por eso, considero equivocado plantear el futuro como una lucha entre tecnología y trabajo humano. La tecnología es una herramienta indispensable para la humanidad y una de las principales fuentes de aumento de la productividad.
El futuro no necesariamente será un mundo sin trabajadores, sino un mundo donde seres humanos y tecnología tendrán que aprender a producir juntos.
La pregunta fundamental no es si la tecnología desplazará al ser humano de la producción mundial, sino si estaremos preparados para utilizarla como lo que realmente es: una herramienta al servicio del ser humano y del progreso de la humanidad.
