Santo Domingo.-
El extraordinario éxito cuantitativo de la industria turística dominicana ha alcanzado un punto de inflexión donde su propio volumen amenaza con transformarse en su principal factor de riesgo financiero. Tras registrar el hito histórico de 11.6 millones de visitantes al cierre de su último ciclo fiscal, según certifican los indicadores del Ministerio de Turismo, las juntas directivas del sector inmobiliario y hotelero se enfrentan a un cambio en el financiamiento internacional.
El crecimiento superior al 20 % en las llegadas de pasajeros que sitúa al país a la vanguardia del World Tourism Barometer (ONU Turismo) puede activar las alarmas de los fondos de inversión globales, los cuales advierten que la presión sobre las infraestructuras locales, la gentrificación y la ausencia de una estrategia de blindaje social estructurada incrementan de forma directa la prima de riesgo político y comprometen la viabilidad de los nuevos desarrollos en el Caribe.
Esta sofisticación en la evaluación de los activos intangibles responde a la inmensa capilaridad de una industria que equivale al 9.8 % de la economía mundial y sostiene uno de cada diez empleos en el planeta, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC).
En este escenario, la liquidez ya no fluye únicamente hacia los destinos con bellezas naturales o incentivos fiscales agresivos, sino hacia corporaciones capaces de demostrar una gobernanza transparente.
Las investigaciones globales de la firma consultora EY confirman en su informe de tendencias que el 77 % de los viajeros de alto valor condiciona su gasto y preferencia a experiencias que certifiquen un compromiso real, auditable y trazable con la descarbonización y la mitigación de los impactos comunitarios.
Iban Campo, Director General de LLYC en la República Dominicana, explica que para los CEOs locales ignorar esta tendencia implica cerrar las ventanas de financiamiento preferencial o enfrentarse al encarecimiento de sus líneas de crédito tradicionales.
“El capital global contemporáneo no le teme al crecimiento físico, sino a la impredecibilidad social y regulatoria que genera la saturación descontrolada de los destinos. El concepto de exclusividad ha migrado de la opulencia material hacia una responsabilidad ambiental profunda, por lo que el verdadero reto para las juntas directivas dominicanas no es cómo atraer el próximo millón de visitantes, sino cómo implementar sistemas analíticos de escucha activa que permitan decodificar las expectativas ciudadanas reales, blindando las inversiones de largo plazo frente al ruido social y consolidando la competitividad reputacional del país en el tablero macroeconómico global”, explica.
Es por esto que si un desarrollo hotelero o inmobiliario en el Caribe carece de una estrategia de blindaje
social o genera fricciones con los residentes locales, los comités de riesgo de los fondos indexan esa
vulnerabilidad como una amenaza operativa alta que puede derivar en paralización de obras, litigios
prolongados o crisis de reputación internacional.
