Vendió su ganado, se exilió en Cuba en 1946 y, desde allí, lo entregó todo a la causa de la libertad: financió la expedición de Cayo Confite en 1947, la de Luperón en 1949 y apoyó la expedición del 14 de junio de 1959, donde murió su hijo primogénito, José Horacio Rodríguez.