Vendió su ganado, se exilió en Cuba en 1946 y, desde allí, lo entregó todo a la causa de la libertad: financió la expedición de Cayo Confite en 1947, la de Luperón en 1949 y apoyó la expedición del 14 de junio de 1959, donde murió su hijo primogénito, José Horacio Rodríguez.
El presidente de la República, Luis Abinader, firmó este viernes el decreto número 288-25 que declara Héroe Nacional a Juan Rodríguez García, conocido como Juancito Rodríguez, por su ejemplar vida de lucha contra la tiranía trujillista, su entrega total a la causa de la libertad y su sacrificio personal y familiar en favor de la democracia dominicana.
A pesar de haber sido senador y diputado, su vocación política se encendió verdaderamente al ver cómo el régimen arrasaba con su hacienda, perseguía a su familia y asesinaba a sus colaboradores.
Vendió su ganado, se exilió en Cuba en 1946 y, desde allí, lo entregó todo a la causa de la libertad: financió la expedición de Cayo Confite en 1947, la de Luperón en 1949 y apoyó la expedición del 14 de junio de 1959, donde murió su hijo primogénito, José Horacio Rodríguez.
Juancito Rodríguez murió en el exilio, en La Habana, el 19 de noviembre de 1960, a seis meses del ajusticiamiento del tirano. Había perdido su fortuna, su tierra, su familia y a su hijo, todo en nombre de una República libre.
El presidente expresó que “al declarar Héroe Nacional a Juancito Rodríguez, honramos también a todos aquellos que ofrendaron su bienestar, su vida y su legado por el sueño de una patria libre, democrática y justa. Hoy reivindicamos su memoria para que nunca más el olvido sea el destino de nuestros verdaderos héroes.”
Sus restos descansan en el cementerio municipal de Moca, junto a los de su hija Pucha Rodríguez, también combatiente de la resistencia. Esta designación oficial busca motivar al pueblo dominicano a conocer su historia y a rendir los honores que su sacrificio merece.
Juancito Rodríguez nació en Estancia Nueva, Moca, en 1886, bajo el nombre de Simón Rodríguez García. Huérfano de padre desde temprana edad, se trasladó a Barranca, La Vega, en busca de mejores horizontes junto a su madre y sus ocho hermanos. Allí, con trabajo incansable y una vocación agrícola excepcional, amasó una fortuna en tiempos de gran dificultad, sembrando cacao, plátanos y criando ganado con un nivel de desarrollo que le granjeó fama en todo el Caribe. Su hacienda fue considerada una de las más prósperas de la región.
