Redacción elDigital.com.do
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Histórico agradecimiento:
La llevada del contigente salvadoreño, símbolo del empoderamiento regional de presidente Nayib Bukele, ha traído celebración entre los haitianos, producto de la desesperación ante el control criminal de las pandillas. Pese a los retos, los haitianos lo ven como su ‘mesías’
Cientos de ciudadanos haitianos, ante un grito unísono de agradecimiento, se lanzaron a las calles de Delmas y Puerto Príncipe a marchar en reciprocidad al apoyo recibido por el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, a quien ven como un «mesías» que podría traer solución a la crisis social, política y económica que viven en ese país, por casi una década, profundizada por el poderío de peligrosas pandillas.
¿El detonante? El Salvador participaba de forma limitada en la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) respaldada por la ONU, sin embargo, el domingo 18 de octubre pasado, todo cambió. Cuatro técnicos de aviación salvadoreños fueron emboscados y secuestrados por bandas criminales en Croix-des-Bouquets; en respuesta, Bukele lanzó un ultimátum entregar a salvo, al no obtener respuestas surgió la intervención, desplegando un contingente masivo de 4,000 soldados de fuerzas especiales en territorio haitiano para rescatar a sus cuatro hombres.
La llevada del contigente salvadoreño, símbolo del empoderamiento regional de presidente Bukele, ha traído celebración entre los haitianos, producto de la desesperación ante el control criminal.
Aunque la misión inició estrictamente como un rescate, la escala del contingente y el respaldo expresado por el nuevo primer ministro de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, apuntan a que las tropas salvadoreñas están liderando activamente combates abiertos contra coaliciones criminales como Viv Ansanm y 400 Mawozo.
Las pandillas dominan cerca del 80% de la capital, Puerto Príncipe, controlando alimentos, armas, combustibles y medicinas. Mientras, la población civil vive bajo un constante estado de terror, extorsión y despojo de sus viviendas.
El «efecto Bukele», mueve esperanza en la población haitiana. El referente del desmantelamiento de las maras en El Salvador infunde además seguridad en una sociedades asfixiadas por el crimen y que no tienen vía de escape.
Entonces, los manifestantes haitianos ven en las tropas salvadoreñas una fuerza con la determinación real de combatir a los grupos armados, a diferencia de previas misiones internacionales percibidas como ineficaces. Esto afianzada por la estrategia comunicación y empatía de Bukele quien emitió mensajes directos al pueblo haitiano (incluso en criollo haitiano) asegurando que «no es una invasión para controlar sus riquezas», sino un esfuerzo por ayudarles a «retomar el país» apelando al legado histórico de su independencia. Finalmente, esto generó una validación social inmediata en las calles.
A diferencia de la cautela de otros países, El Salvador ha asumido una postura sumamente ofensiva, al punto de que financia con sus propios recursos más del 90% del costo económico de este despliegue militar..
No obstante, el desafío para el modelo de Bukele en Haití es monumental: las bandas haitianas operan como milicias fuertemente armadas y con control territorial absoluto, lo que convierte a esta operación en el mayor y más peligroso examen para la estrategia de seguridad salvadoreña fuera de sus fronteras.
