Durante dos horas, en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, el presidente Joaquín Balaguer discutió con altos funcionarios estadounidenses las condiciones para levantar las sanciones, la permanencia temporal de Ramfis y el destino de las propiedades de la familia Trujillo.
Fernando Quiroz
El autor es periodista
La noche del 3 de octubre de 1961, Joaquín Balaguer salió de su hotel en Nueva York acompañado por John Calvin Hill, cónsul general de Estados Unidos en Ciudad Trujillo. Se dirigían al Waldorf Astoria para una conversación que no figuraba en el programa público del presidente dominicano.
Los detalles del encuentro lo revelan el Memorando de Conversación número 322, fechado en Nueva York el 3 de octubre de 1961 y clasificado originalmente como secreto, que fue incorporado posteriormente a la colección oficial “Foreign Relations of the United States”, 1961-1963, volumen XII, American Republics.
Antes de Balaguer acudir a la reunión se produjo una escena que ayuda a entender cuánto conocía Ramfis Trujillo de aquel movimiento.

Luis Mercado se encontraba en la suite de Balaguer hablando por teléfono, a larga distancia, con Ramfis Trujillo. Mercado era entonces cónsul general dominicano en Nueva York.
Según el memorando redactado posteriormente por los estadounidenses, Mercado le informó que salían hacia la reunión y que volvería a llamarlo cuando terminara.
El documento no dice si Ramfis conocía el lugar, los participantes o la agenda completa. Permite establecer que fue informado, al menos, de que Balaguer se dirigía a una reunión y que Mercado tenía previsto comunicarse nuevamente con él al finalizar.
Aunque Hill lo acompañó hasta el Waldorf Astoria, Balaguer acudió sin integrantes de su comitiva dominicana a la suite de Adlai E. Stevenson, embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Stevenson no aparece entre los participantes del encuentro.
Lo esperaban George Ball, subsecretario de Estado; George McGhee, consejero del Departamento de Estado, y el propio Hill.
La conversación comenzó a las nueve de la noche y terminó cerca de las once. Para preservar la confianza, nadie tomó apuntes durante el encuentro. Hill y Ball reconstruyeron posteriormente lo tratado en un memorando clasificado como secreto.
“President Balaguer came alone, at the request of the United States, to Ambassador Stevenson’s suite in the Waldorf Astoria…”
En español: “El presidente Balaguer acudió solo, a petición de Estados Unidos, a la suite del embajador Stevenson en el Waldorf Astoria…”
El documento agrega que se trató de una conversación informal y confidencial, desarrollada entre las nueve y las once de la noche, y que no se tomaron notas para preservar aquel clima de confianza.
El viaje a la ONU
Balaguer se encontraba en Nueva York para intervenir ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Había pronunciado su discurso el día anterior, cuatro meses después del ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo.
República Dominicana atravesaba una transición incierta. Balaguer ocupaba formalmente la Presidencia, mientras Ramfis controlaba las Fuerzas Armadas y encabezaba a la familia del dictador.
El país continuaba sometido a las sanciones diplomáticas y económicas impuestas por la Organización de Estados Americanos en 1960, después del atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt.
El levantamiento de esas medidas constituía una prioridad para el Gobierno dominicano. Las restricciones afectaban el abastecimiento de petróleo, camiones y piezas de repuesto, además de mantener al país aislado dentro del sistema interamericano.
Washington estaba dispuesto a revisar su política, pero exigía señales más contundentes de apertura y una disminución efectiva del poder que todavía conservaban los Trujillo.
Las condiciones de Estados Unidos
George Ball inició la conversación. Reconoció que Balaguer había adoptado algunas medidas, pero le comunicó que Washington consideraba “decepcionantemente lento” el proceso de apertura.
El objetivo estadounidense, explicó, era conseguir la reincorporación de República Dominicana al sistema interamericano. Antes de levantar las sanciones, sin embargo, esperaba el cumplimiento de cinco condiciones.
La primera era reducir la concentración del poder político y económico de la familia Trujillo, comenzando por la salida de José Arismendi Trujillo y Héctor Bienvenido Trujillo. También debían establecerse mecanismos adecuados para disponer de las propiedades familiares.
Washington exigía, además, el cese de la represión y avances en el respeto de los derechos humanos; acuerdos con la oposición moderada, incluida la posibilidad de formar un gobierno de coalición, y acciones contra los sectores represivos y comunistas que pudieran poner en peligro el establecimiento de un sistema democrático.
Balaguer coincidió en que José Arismendi Trujillo, conocido como Petán, debía abandonar el país. Lo consideraba el integrante más reaccionario de la familia y lo responsabilizaba de la mayor parte de la represión.
El memorando atribuye a Balaguer esta afirmación sobre José Arismendi Trujillo -Petán-:
“It was essential that Arismendi go as he was the most reactionary of them…”
Traducción al español: “Era esencial que Arismendi se marchara, pues era el más reaccionario de ellos…”
También aceptó la conveniencia de que saliera Héctor Bienvenido Trujillo. Aunque se había retirado formalmente de la política, su permanencia podía convertirlo en un punto de referencia para los sectores civiles y militares interesados en preservar el antiguo orden.
Balaguer hizo una precisión: Estados Unidos pedía la salida de determinados integrantes de la familia, mientras la oposición dominicana exigía que se marcharan todos.
Ramfis debía quedarse, por el momento
La posición de Balaguer fue distinta cuando se habló de Ramfis.
Defendió su permanencia temporal con el argumento de que era necesario para conservar la unidad de las Fuerzas Armadas y asegurar su respaldo al Gobierno. Si el control militar se quebraba, sostenía, también podía derrumbarse la estabilidad política.
Balaguer aseguró que Ramfis deseaba retirarse y marcharse al extranjero tan pronto las circunstancias lo permitieran. George Ball le preguntó qué ocurriría si abandonaba inmediatamente República Dominicana.
El presidente respondió que un general identificado en el documento solamente como Sánchez, entonces jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, no podría mantener el control de los militares.
Según Balaguer, las Fuerzas Armadas podían fragmentarse en grupos enfrentados, con distintos oficiales disputándose el poder. El resultado sería la anarquía.
Balaguer propuso entonces una fórmula para la salida futura de Ramfis, pero las cuatro líneas que recogen su planteamiento permanecen sin desclasificar.
Más de seis décadas después, ese fragmento continúa ocultando un aspecto crucial de la conversación: las condiciones concretas bajo las cuales el presidente dominicano entendía que Ramfis podía abandonar el país sin provocar la ruptura de las Fuerzas Armadas.
El destino de los ingenios
La conversación pasó del poder militar al patrimonio económico de los Trujillo.
Balaguer explicó que los ingenios azucareros tenían un valor contable de 170 millones de dólares: 140 millones correspondían al complejo de Río Haina y 30 millones a los ingenios del norte.
Consideraba exagerada esa valoración y calculaba que el precio realista de todas las propiedades rondaba los 80 millones de dólares. Las empresas, además, acumulaban deudas con el Estado por 48 millones.
Balaguer presentó entonces una propuesta que atribuyó a Ramfis.
Los ingenios del norte serían vendidos por 30 millones de dólares a empresarios dominicanos cuyos nombres permanecen tachados en el documento. Los compradores, sin embargo, no aportarían capital propio: solicitarían los 30 millones al Banco Agrícola y utilizarían ese dinero para pagar la deuda que pesaba sobre las mismas propiedades.
El memorando definió el procedimiento como una operación circular: el Banco Agrícola prestaría los recursos, recibiría el pago de la deuda y los empresarios adquirirían los ingenios sin invertir dinero propio.
Ramfis también proponía vender el complejo de Río Haina a inversionistas extranjeros por 50 millones de dólares.
Balaguer insinuó que el comprador podía ser George Pappas. De esa cantidad, 18 millones se destinarían a saldar una deuda con el Banco Central.
Balaguer calculaba que, mediante ambas transacciones, el Estado recuperaría 48 millones de dólares. Esos recursos podrían utilizarse en obras públicas, entre ellas el proyecto de irrigación del Cibao.
George McGhee cuestionó las cifras.
Observó que el beneficio real para el Estado sería de solamente 18 millones, porque los otros 30 procederían de un préstamo del Banco Agrícola que regresaría a la misma institución. Mientras tanto, los compradores pasarían a controlar los ingenios sin haber aportado capital.
Balaguer reconoció que se trataba de transacciones “ficticias sobre el papel”. También aceptó considerar la posibilidad de que el Banco Agrícola asumiera directamente las propiedades, en lugar de financiar su adquisición por empresarios privados.
Ball quiso saber si Ramfis estaría dispuesto a entregar a una fundación una parte de los 32 millones de dólares que conservaría después de la venta de Río Haina.
Balaguer respondió que posiblemente accedería y mencionó el Instituto de Auxilios y Viviendas como una posible entidad receptora.
Para el presidente, lo fundamental no era resolver inmediatamente la titularidad de los bienes, sino garantizar que una parte importante de los ingresos generados por las propiedades llegara al Gobierno y al pueblo dominicano.
Afirmó que la familia Trujillo estaba “de salida” y que, una vez perdiera su posición política, el Estado probablemente terminaría asumiendo sus bienes.
La oposición y las elecciones
Balaguer describió al Partido Revolucionario Dominicano y al Movimiento Revolucionario 14 de Junio como organizaciones flexibles. Su valoración de la Unión Cívica Nacional fue distinta: la consideraba inflexible y radical en sus exigencias.
Dijo estar dispuesto a incorporar representantes de la oposición al Gobierno y hacer determinadas concesiones. Creía que el ambiente político mejoraría después de la salida de Petán y Héctor Bienvenido.
Reconoció que la Unión Cívica Nacional también exigía la partida de Ramfis, pero insistió en que su permanencia temporal era una realidad que la oposición terminaría aceptando debido al control que ejercía sobre las Fuerzas Armadas.
Ball consideraba que no existían condiciones para celebrar elecciones en mayo de 1962 y planteó su posposición. Balaguer respondió que no habría inconvenientes si antes se constituía un gobierno de coalición. Los integrantes de ese gobierno podrían acordar posteriormente la fecha de las votaciones.
Balaguer pidió entonces que Estados Unidos comenzara a levantar las sanciones de manera gradual, iniciando por las restricciones sobre el petróleo, sus derivados, los camiones y las piezas de repuesto.
Argumentó que la falta de avances fortalecía la intransigencia de la oposición, provocaba alarma entre los militares y podía conducir a una situación imprevisible.
Estados Unidos propuso también que República Dominicana invitara a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.
Balaguer respondió que estudiaría la propuesta cuando regresara al país. Le preocupaba que la presencia del organismo implicara una facultad de “vigilancia” que pudiera interferir con la soberanía nacional.
Cuando Ball mencionó la posibilidad de que aceptara la candidatura presidencial del Partido Dominicano,
Balaguer aseguró que esperaba retirarse a la vida privada al concluir su mandato, en agosto de 1962.
No cerró completamente la puerta. Si no se avanzaba en el levantamiento de las sanciones y surgía una situación peligrosa, dijo, tendría que decidir qué resultaba más conveniente para el país.
Hasta dónde estaba informado Ramfis
Antes de concluir, Balaguer preguntó cuándo serían levantadas las sanciones. Ball respondió que dependería del cumplimiento de las condiciones que Estados Unidos comunicaría con mayor precisión durante los días siguientes.
También anunció que un alto funcionario estadounidense se reuniría próximamente tanto con Balaguer como con Ramfis.
En el automóvil, mientras regresaba a su hotel, Balaguer insistió en que era más importante garantizar que los ingresos de las propiedades llegaran al Estado que resolver inmediatamente la titularidad de los bienes.
También indicó que Ramfis esperaba alguna demostración de avance por parte de Estados Unidos antes de adoptar determinadas medidas políticas.
El memorando confirma que Mercado habló con Ramfis antes de la salida y le comunicó que se dirigían a una reunión. También registra que Balaguer presentó durante el encuentro propuestas que atribuyó al hijo del dictador.
No revela si Ramfis conocía anticipadamente la agenda completa. Tampoco dice si Mercado volvió a llamarlo aquella noche ni qué pudo haberle informado después de terminada la conversación.
La reunión no produjo un acuerdo definitivo. Dejó constancia, sin embargo, de cómo Balaguer y tres altos representantes estadounidenses discutieron la salida de miembros de la familia Trujillo, la permanencia temporal de Ramfis, la apertura hacia la oposición y el destino de una parte fundamental del patrimonio acumulado durante la dictadura.
________________________________________
Ficha documental
Este reportaje se sustenta principalmente en el Memorando de Conversación número 322, fechado en Nueva York el 3 de octubre de 1961 y clasificado originalmente como secreto. Fue redactado por John Calvin Hill Jr. y George Ball después del encuentro, pues durante la reunión no se tomaron notas para preservar la confidencialidad. El documento pertenece a los Archivos Centrales del Departamento de Estado de Estados Unidos, expediente 739.00/10-361, y fue incorporado posteriormente a la colección oficial Foreign Relations of the United States, 1961-1963, volumen XII, American Republics.
La versión desclasificada puede consultarse en el archivo histórico digital del Departamento de Estado. Algunos nombres, frases y párrafos permanecen suprimidos por decisión de las autoridades estadounidenses.



