Redacción elDigital.com.do
ROMA, ITALIA.
El protocolo solemne de las Naciones Unidas se rompió por completo al cierre del evento. La célebre cantante dominicana Maridalia Hernández, voz fundadora de la alineación original de 4.40, subió al escenario para interpretar la canción homenajeada junto a la Boba Band y un coro de niños.
Lo que comenzó como una metáfora poética escuchada en una conversación informal en Santiago de los Caballeros durante los años 80, se ha consagrado en la capital italiana como un símbolo global de la lucha contra el hambre.
El cantautor dominicano Juan Luis Guerra recibió un emotivo reconocimiento especial por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) gracias al impacto humano, social y transgeneracional de su emblemática canción «Ojalá que llueva café».
El histórico homenaje tuvo lugar este viernes 16 de octubre de 2026 durante la clausura del Foro Mundial de la Alimentación 2026 en la sede central de la FAO en Roma. Ante la presencia del presidente dominicano Luis Abinader, la primera dama Raquel Arbaje y el director general del organismo, Qu Dongyu, la música del maestro caribeño demostró que el arte tiene el poder de trascender los escenarios y convertirse en una política de vida.
Lanzada originalmente en 1989, «Ojalá que llueva café» nació de una visita de Juan Luis Guerra al folclorista Tim Pichardo, quien le mostró poemas dedicados a las vivencias del campo dominicano. Aquella frase mística e inspiradora —el deseo de que el cielo derramara abundancia— encendió la chispa del músico, quien al llegar a su hogar tomó la guitarra y esculpió un himno.
Treinta y siete años después, Máximo Torero Cullen, economista jefe de la FAO, destacó que la composición de Guerra no es solo una pieza bailable, sino un manifiesto de justicia social, inclusión y dignidad para las comunidades rurales que labran la tierra. En un mundo que busca erradicar la inseguridad alimentaria, la «jarina de queso blanco» y el «aguacero de yuca y té» resuenan como una plegaria urgente de equidad social.
Al subir al podio para recibir el pergamino de reconocimiento, el líder de los eternos 4.40 se mostró visiblemente conmovido. Acompañado por su esposa Nora Vega y su mánager Amarilis Germán, el artista no dudó en atribuir la genialidad de su obra a su profunda fe cristiana.
«Termino agradeciendo sobre todo a Jesús, mi Señor y Salvador, pues Él me dio la capacidad para soñar en un mundo de arroz graneado, de batatas y fresas, donde lloviera café», expresó el maestro, desatando los aplausos de los diplomáticos y expertos internacionales congregados.
El protocolo solemne de las Naciones Unidas se rompió por completo al cierre del evento. La célebre cantante dominicana Maridalia Hernández, voz fundadora de la alineación original de 4.40, subió al escenario para interpretar la canción homenajeada junto a la Boba Band y un coro de niños.
En cuestión de segundos, la solemnidad romana se transformó en una fiesta caribeña: los ministros, embajadores y directivos internacionales se pusieron de pie, contagiados por un merengue que, hoy más que nunca, es sinónimo mundial de esperanza alimentaria y hermandad.




