María Fals
La autora es crítica de arte
Tuvo importantes nexos con la República Dominicana. Recibió en 1988 en ausencia la Orden Sánchez, Duarte y Mella
Owaldo Guayasamín (1919-1999) fue un pintor y dibujante ecuatoriano que profundizó a través de su arte en la captación del alma humana y sus emociones y es un ejemplo de cómo lo identitario puede convertirse en un lenguaje universal.
Nacido en Quito, de un padre quechua y una madre mestiza, llevaba dentro de si las milenarias tradiciones de los pueblos tradicionales. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal. Desde niño había comenzado a pintar y se percata de las injusticias sociales, vinculando su arte con su función social.
Su primera exposición se produce a los veintitrés años y es invitado por Nelson Rockefeller a que visite los EE. UU entre 1942 y 1943 para completar sus formación artístico-cultural y visitar los grandes museos de arte de ese país.
Posteriormente se marcha a México, donde se pone en contacto con José Clemente Orozco y se convierte en su ayudante. Posteriormente hizo su conocido viaje desde México hasta la Patagonia, recorriendo a pie y en transporte público diferentes países de América, pudiendo contactar y conocer la cultura de diferentes pueblos latinoamericanos.
Fue gran amigo de importantes escritores de “Nuestra América” como Pablo Neruda, Juan Rulfo y Gabriel García Márquez. Por el valor de su arte, recibió premio en la Bienal de Barcelona (1955-1956) y en la Bienal de Sao Paulo de 1957. En 1978 fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y en 1979 Miembro de Honor de la Academia de Bellas Artes de Italia.
Fue reconocido como Doctor Honoris Causa por la Universidad Pedro Henríquez Ureña en la República Dominicana y recibió el Premio Eugenio Espejo en Ecuador en 1992. En 1999 recibió por parte de la UNESCO el Premio Internacional José Martí. Creó la Fundación Guayasamín en 1976.
Realizó diferentes series que reflejan emociones humanas que predominan en sus personajes: “El camino del llanto” que se desarrolló entre 1946 y 1952, donde reflejó el dolor de los indígenas, los negros y los mestizos que contactó en su viaje por Centro y Suramérica, “La Edad de la Ira” (1964-1984), donde mostró en los rostros crispados y las manos expresivas la rebeldía ante la opresión y “ La Edad de la ternura” que abarcó desde fines de los 80 hasta 1999, en la que representó maternidades e imágenes cargadas de amor.
Su arte se caracterizó por la desproporción y deformación de sus enormes manos, por sus grandes y angulosos rostros, de ojos inolvidables con cuencas vacías y por el predominio de la figura humana en toda su intensidad.
De tendencia expresionista, este artista supo vincular ese estilo internacional con un arte muy personal, elaborando obras donde lo monumental, propio de la arquitectura y la escultura de los pueblos originarios de los Andes, se imbrica con el cuerpo y la piel de sus personajes eternos.
Entre sus obras destacadas se encuentran los murales del palacio de Carondelet en Quito, su mural en la sede de la UNESCO en París y el mural doble que realizó en el aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid-Barajas representando a los españoles y a los pueblos precolombinos y latinoamericanos.
Su último proyecto fue “La Capilla del Hombre” realizada entre 1995 y el 2002, que fue concluida tres años después de su fallecimiento. “La Capilla del Hombre” es un centro cultural y museo que fue proyectado por el propio Oswaldo Guayasamín, el arquitecto Luis Felipe Suárez y Handel Guayasamín Crespo. Como ingenieros participaron Diego Robalino, así como sus hijas Verenice y Saskia Guayasamín, que estuvieron al frente de la dirección civil y de la construcción en su período final.
“La Capilla del Hombre” posee dimensiones cúbicas de 30 x 30 metros. Fue realizada en hormigón armado y revestido de piedra evocando a los edificios precolombinos de la cultura de Tiahuanaco y a los incas. Posee una cúpula de bronce en forma de cono trunco. En su planta baja está la “llama eterna”, el fuego donde le rinde tributo a los que han defendido los derechos humanos en el mundo y la cultura de nuestro continente.
Interiormente presenta al mural “Lídice”, dedicado al pueblo checo que se opuso a la ocupación nazi en 1942, el mural “La miseria” donde destacan los ojos desolados y las descarnadas manos de sus figuras, “Los rostros de América”, el “Tríptico de las Manos” y varias obras de la serie “La Edad de la ternura”.
Guayasamín fue un excelente retratista que captaba el alma de sus modelos. Una de las características de sus procesos creativos era dedicarse a la observación profunda de la persona para descubrir su color interno, aquel que expresaba su esencia y representarlo finalmente con las tonalidades que lo identificaban.
Tuvo importantes nexos con la República Dominicana. Recibió en 1988 en ausencia la Orden Sánchez, Duarte y Mella. Durante sus visita al país en 1992, entre otras distinciones, fue declarado Miembro de Honor del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos, estableciendo nexos con los artistas dominicanos y con las autoridades culturales a través de la Fundación Guayasamín y de su propia persona.
Guayasamín fue, es y será un maestro de maestros, un ecuatoriano latinoamericano y universal que ha dejado huellas estéticas cargadas de fuerza, emoción y humanismo en todo aquel que haya sido testigo de su trascendente legado artístico.