Autora Ingrid Suárez
@mama_d2_resiliente

En un mundo que prefiere el scroll a una conversación, practicar la bondad y la compasión comienza por algo tan sencillo como levantar la mirada, reconocer que la vida es lo más importante y valorar la humanidad de quien tenemos enfrente.
Hace unos días reflexionaba sobre lo mucho que ha cambiado nuestra sociedad dominicana. Si miramos apenas una década atrás, las conversaciones fluían y el contacto visual entre las personas era nuestra principal red social. Hoy, ese escenario se ha transformado profundamente.
Al entrar a una sala de espera, nos topamos con una fila de rostros iluminados por pantallas de un celular; si visitas un parque, te encuentras con personas haciéndose selfies y grabando videos, presentes en cuerpo, pero ausentes en la interacción, ajenos a quienes respiran a su lado.
Esta desconexión producida por los entornos digitales no debería impedirnos mantener una conversación o mirarnos al rostro; sin embargo, esta situación no solo nos ha robado el tiempo, sino que ha erosionado nuestra capacidad de ser sensibles ante el otro.
Me preocupa lo que está pasando en nuestra sociedad; vemos en aumento la ira, la violencia y la falta de empatía.
Un ejemplo de esto lo vimos hace unos días en Santiago de los Caballeros: una turba de antisociales persiguió a un chofer de un camión recolector de basura, lo golpearon, apedrearon y apuñalaron por la espalda, hiriéndolo gravemente. Mientras la persona clamaba por ayuda, los que le rodeaban estaban concentrados en grabar para generar contenido.
Esto debe cambiar. Debemos regresar a la realidad y volver a conectar con las personas. Por eso, es necesario prestar atención al llamado de Efesios 4:32: “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros…”.
En un mundo que prefiere el scroll a una conversación, practicar la bondad y la compasión comienza por algo tan sencillo como levantar la mirada, reconocer que la vida es lo más importante y valorar la humanidad de quien tenemos enfrente.
