Redacción elDigital.com.do
Flávio Bolsonaro huye a Estados Unidos tras la derrota electoral. La historia se repite: Cuatro años atrás, su padre Jair Bolsonaro había hecho lo mismo: empacó la derrota de 2022 y voló a Florida, días antes de la toma de posesión de Lula
El cielo de Brasilia amaneció plomizo este martes 27 de octubre de 2026. En las calles, los ecos de la contienda electoral aún resuenan con el 51,79% de los votos que consagró como ganador a Luiz Inácio Lula da Silva, sellando, de esta manera, una nueva y amarga derrota para el clan Bolsonaro.
Para Flávio Bolsonaro, el senador que había heredado el estandarte de la cruzada familiar, la noche del domingo no solo supuso el fin del sueño presidencial, sino el principio de un cerco judicial inexorable.
Horas antes, el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes había dictado una orden implacable: la entrega inmediata de todos sus pasaportes y la prohibición absoluta de abandonar el país, en medio de una investigación por presunto lavado de dinero vinculado al financiamiento de una película.
Pero en la memoria de la familia Bolsonaro, el mapa de la retirada ya tenía un trazo conocido. Cuatro años atrás, el patriarca Jair Bolsonaro había hecho lo mismo: empacó la derrota de 2022 y voló a Florida días antes de la toma de posesión, un guion que años más tarde terminaría con condenas severas por intentos golpistas. Y ahí estaba también su hermano Eduardo, instalado en Estados Unidos, esquivando a la justicia brasileña que lo había sentenciado por presiones ilegales en el extranjero.
En lugar de entregar los documentos en el plazo de 24 horas, Flávio eligió el silencio de la pista de aterrizaje. Desafiando la alerta migratoria de la Policía Federal y con sus pasaportes ya cancelados de forma oficial, el senador tomó un vuelo privado junto a su familia con destino a suelo norteamericano.
Mientras las autoridades federales activaban la búsqueda por el incumplimiento de la orden judicial, el avión surcaba el Atlántico rumbo al norte.
De nuevo, la familia cambiaba las tribunas de Brasilia y los estrados de la Corte Suprema por el refugio lejano de Florida, dejando atrás un país que pasaba la página y una estela de causas judiciales abiertas que decidieron no esperar a responder.
