Redacción elDigital.com.do
La artista urbana no necesitó una campaña de expectativa ni un vestido de alta costura para ser la tendencia número uno; solo volver a la tierra de su padre para coronarse, una vez más, como la reina de la viralidad natural.

La alfombra roja es opcional cuando el carisma corre por las venas. Cardi B, la superestrella de ascendencia dominicana, acaba de cumplir 34 años y decidió que no necesitaba los focos de una gala de Hollywood para romper el internet. Le bastó con aterrizar en la República Dominicana para demostrar que su mayor pasarela es la autenticidad.
Su viaje a RD desató una auténtica fiebre digital. En cuestión de horas, los motores de búsqueda se inundaron de preguntas sobre su paradero exacto: ¿Está en una villa de Las Terrenas? ¿Celebrando en un barrio de Santo Domingo? ¿Disfrutando de las playas de Punta Cana? El misterio solo avivó el furor de sus fanáticos, quienes siguieron cada pista de su estancia en el país.
Lejos del protocolo de las grandes celebridades, Belcalis Marlenis Almánzar —su nombre real— eligió celebrar de la forma más orgánica y pura posible. Para ella, volver a su país no es una movida de marketing; es un reencuentro con su propia esencia.
Entre música local, comida con sazón de la casa y ese lenguaje tan dominicano que nunca ha perdido, la rapera conectó con sus raíces, recordándole al mundo que, aunque sea una de las mujeres más influyentes de la música global, su corazón sigue latiendo a ritmo de dembow y bachata.
Cardi B no necesitó una campaña de expectativa ni un vestido de alta costura para ser la tendencia número uno; solo volver a la tierra de su padre para coronarse, una vez más, como la reina de la viralidad natural.
