Santo Domingo, RD.–
En los últimos meses, varios sucesos han conmocionado a la sociedad y encendido las alarmas sobre los niveles de agresividad de los asaltantes, los más recientes, Asalto a la residencia del merenguero Julián Oro Duro y el ataque al joven Mejía Ricard, en Serrallés
La seguridad ciudadana se mantiene en el epicentro del debate público en la República Dominicana. A pesar de los esfuerzos de las autoridades por mostrar reducciones en los índices de criminalidad, una ola de atracos a mano armada y muertes violentas mantiene en vilo a diversos sectores del país, sembrando la percepción de que la delincuencia común avanza sin dar tregua.
Para los ciudadanos de zonas vulnerables y comerciales, el temor de convertirse en la próxima víctima es una constante diaria.
En los últimos meses, varios sucesos han conmocionado a la sociedad y encendido las alarmas sobre los niveles de agresividad de los asaltantes:
Asalto a la residencia de Julián Oro Duro: Uno de los hechos más impactantes ocurrió en el sector Brisa Oriental VI, en Santo Domingo Este. Un grupo de delincuentes irrumpió en la vivienda del merenguero Julián Oro Duro, donde agredieron físicamente al artista y asesinaron a su esposa, Ceneida Socorro Castillo, de 60 años, para sustraer bienes del hogar.
Ataque en Serrallés: El joven Gustavo Adolfo III Mejía-Ricart, de 23 años, recibió diez heridas de arma blanca durante un violento intento de asalto en el exclusivo sector Serrallés del Distrito Nacional.
Violencia en Boca Chica: Un tiroteo cobró la vida de los artistas urbanos conocidos como Didi Glow y Jonathan Cotuí. En esta misma demarcación, la frecuencia de robos obligó al cierre temporal de centros educativos como el colegio San Rafael por motivos de seguridad.
Hallazgos trágicos: La indignación social creció tras el hallazgo del cuerpo de la joven Saidy Fragoso, de 16 años, en Alma Rosa, y el del ciudadano estadounidense Andy Luis Sant, cuyo cadáver fue encontrado oculto bajo concreto en el sector de Herrera.
Qué dicen las autoridades
De acuerdo con los informes presentados por el Ministerio de Interior y Policía, liderado por la ministra Faride Raful, la tasa acumulada de homicidios en el país se sitúa en 7.39 por cada 100,000 habitantes, reflejando una tendencia a la baja respecto a años anteriores (8.74 en 2025 y 9.65 en 2024).
Sin embargo, al desglosar las muertes violentas, la delincuencia sigue cobrando una cuota importante de sangre. Durante el primer cuatrimestre del año se registraron 394 muertes violentas.
Como respuesta al clamor popular, la Policía Nacional ha intensificado sus operativos en demarcaciones como Santo Domingo, Santiago, San Pedro de Macorís y Azua.
No obstante, la estrategia de «mano dura» ha desatado intensos debates sobre los derechos humanos.Solo en una de las ofensivas más recientes de septiembre, se reportó la muerte de más de 20 presuntos delincuentes en alegados intercambios de disparos con patrullas de la institución.
Mientras el director de la uniformada defiende que el uso de la fuerza letal responde a una planificación estratégica frente a la resistencia armada, organizaciones de derechos humanos critican la falta de transparencia en estos procesos y alertan sobre posibles ejecuciones extrajudiciales.
