María Fals
La autora es crítica de arte

Sugiero partir de un punto: el artista no es un ente aislado, como ser humano nace en una época y en un contexto sociocultural, responde a determinadas motivaciones personales, tiene una psiquis propia y canaliza los estímulos de manera diferente
Muchas personas se me han acercado en diferentes momentos de mi vida profesional para preguntarme cómo pueden comprender el mensaje de un cuadro, cómo adentrarse en el lenguaje plástico de una obra pictórica para entender lo que hay implícita o explícitamente en ella.
Sugiero partir de un punto: el artista no es un ente aislado, como ser humano nace en una época y en un contexto sociocultural, responde a determinadas motivaciones personales, tiene una psiquis propia y canaliza los estímulos de manera diferente, pero al mismo tiempo cercana a la de otros que comparten su mismo espacio-tiempo.
Ese punto de partida se llama empatía, que es la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona, en este caso del creador de la obra. Ya, ubicados dentro y fuera de la psiquis del creador, inmersos en una actitud emocional y al mismo tiempo reflexiva, busquemos en la memoria nuestros presaberes, que pueden abarcar desde lo más empírico hasta una amplia formación profesional que nos haya permitido conocer manejar códigos de análisis más estructurados, vinculados a áreas como la teoría del arte, la semiótica, la hermenéutica, la historia y la historia del arte, la sicología y la sociología del arte.
Lo segundo que propongo es liberarnos de los sesgos, del “agrado interesado”, del favoritismo, de los prejuicios de toda índole y acercarnos interpretativamente a la obra con el mismo principio del “grito original” que proponían los expresionistas desde lo creativo, para percibirla, sentirla, analizarla y valorarla.
Un análisis de alto significado puede venir de un niño, de una persona común, de un campesino, de un iletrado, de alguien que los círculos de los “entendidos” pudiera considerar no apto para realizarlo. Puede existir en estas personas una sensibilidad innata que, si se entrena adecuadamente, puede llevar a las cimas de las verdades relativas de la apreciación e interpretación del arte.
Pero a aquel que no ha desarrollado su sensibilidad, no le es fácil llegar a hacer un verdadero análisis de cualquier fenómeno artístico basado en el “pensamiento sensible”. El que siente de manera muy fútil, se acercará muy superficialmente al análisis de una obra artística.
Lo ideal para analizar las artes, en este caso una pintura, es conocer las técnicas utilizadas en la creación de cada obra y estar familiarizado con uno o varios métodos de análisis , entre ellos los métodos formales como el propuesto por el cubano Oscar Morriña, que apliqué ampliamente en mis años de estudiante de grado en la Universidad de Oriente, el hermenéutico, el semiótico, el método de análisis artístico de Erwin Panofky que ve la obra de forma holística desde los puntos de vista histórico, social y cultural.
En el caso específico de Panosky, sugiere que se utilicen tres niveles ascendentes de compresión para el análisis e interpretación: el pre-iconográfico, que se basa en un análisis descriptivo de lo observado, relatando cuáles son los colores utilizados, las características de las líneas si existieran, la ubicación de los elementos, la composición, la atmósfera, las emociones entre otros aspectos; el iconográfico, que se auxilia de conocimientos específicos como mitología, historia, religión, folclor, entre otros y que busca analizar los temas, los motivos artísticos, los aspectos intertextuales vinculados a la obra.
El tercer nivel es el iconológico, que busca en significado intrínseco de lo expresado, llegar al contenido o mensaje de manera más profunda y vinculante con su contexto. Por ejemplo, tomemos La Última Cena de Leonardo Da Vinci, representativa del Renacimiento, en la cual se reflejan los experimentos de los artistas en torno al logro de la perspectiva y el claroscuro.
Si hacemos un análisis pre-iconográfico de ella, podemos ver que en esta pintura mural las figuras de trece personajes masculinos, uno de ellos en el centro, con una mesa humilde delante donde están presentes objetos y alimentos como el pan y el vino. Las figuras se integran en cuatro grupos de tres personas cada, que se unifican a través del ritmo de los brazos. Los hombres aparecen conversando, conmocionados, tal vez por algo que se dijo.
La figura central permanece en calma.
Si queremos llegar a realizar un análisis iconográfico, empaparnos sobre los principios del cristianismo y el significado de La Última Cena desde el punto de vista espiritual y religioso, poseer conocimientos de historia y saber aproximadamente cómo se vivía tanto en la época de Cristo y sus apóstoles como en el Renacimiento, el modo de vestir, de pensar, el pensamiento filosófico vigente entre 1495 y 1498 en el Milán en que fue pintada sobre las paredes del convento dominico Santa María de la Gracia. Entonces podemos dar certeramente los primeros pasos para interpretar que no representa un grupo común de amigos, sino algo más allá.
En el nivel iconológico podemos, en base a todo lo anterior, agregar análisis y reflexiones más profundas, llegando a la esencia de la obra, al mensaje de amor, al milagro de la Eucaristía, a entender que Leonardo no quiso representar a un humilde pan y un simple vino en una larga mesa rodeada de personajes, sino a la Sangre y al Cuerpo de Jesús compartidos con sus discípulos, un mensaje de entrega y sacrificio, basado en el amor y el perdón de un Cristo humano y a la vez, divino.
En resumen, todos podemos analizar una pintura, incluso las personas invidentes, que lo hacen a través de métodos ofrecidos por la tiflología, por ejemplo: la impresión con texturas. El arte es polisémico, inclusivo y vinculante, la obra es abierta como planteaba Umberto Eco, y puede tener ciertos significados para el artista creador y otros para los observadores.
Si deseamos entender a niveles cada vez más profundos una pintura o cualquier obra de arte, tenemos la posibilidad de hacerlo. En la medida que estudiamos, que interrelacionamos lo que sabemos y que profundizamos en diferentes áreas del conocimiento, desarrollando nuestro pensamiento ético y estético, nuestros análisis artísticos se tornan más enriquecedores para nosotros y para las demás personas.
