María Fals
La autora es crítica ca arte
En nuestro país han captado los ambientes paisajísticos grandes artistas como Alejandro Bonilla (1820-1901), Yoryi Morel (1906-1979), Darío Suro (1917-1977), Guillo Pérez (1923-2014), Cándido Bidó (1936-2011), José García Cordero (1951), Juan Andújar (1969), Yuly Monción (1974), Eusebio Vidal (1975), entre otros.
La pintura de paisajes fue surgiendo paulatinamente en Europa. En la Edad Media era muy común que los fondos dorados lo sustituyeran, sobre todo en la pintura de tema religioso, pero poco a poco la representación del entorno de las figuras fue ganando autonomía. En los finales del Renacimiento, pintores como Giotto le dan gran importancia pintando espacios donde puede predominar lo rural o lo urbano.
Fra Angélico, pintor italiano del siglo XV, creó obras como “La Anunciación”, donde el paisaje es relevante. Esta pintura al temple sobre tabla fue realizada entre 1524 y 1526, con una estructura ternaria, donde en su espacio lateral derecho se observa un hermoso jardín con figuras humanas, un ángel, árboles frutales, flores, hierbas y un sol que destaca en un cielo muy azul, mientras uno de sus rayos atraviesa toda la obra para iluminar a María que está en el costado izquierdo escuchando al Ángel que viene a anunciarle que será la Madre de Jesús.
Otro gran artista fue Perugino, puente entre el Renacimiento del siglo XV y XVI, maestro de Rafael Sanzio, quien pintó obras como “El amor y la castidad” (1503), también en la técnica del temple sobre tabla, donde las figuras mitológicas y alegóricas se empequeñecen ante el ambiente del campo, donde árboles, lago, montañas y elementos de la flora tienen papeles muy protagónicos.
En Alemania, el pintor y grabador Alberto Durero (1471-1528) realizó hermosas acuarelas con paisajes, donde expresaba su amor a la naturaleza. Entre sus obras más conocidas se destacan vista de Nuremberg, su ciudad natal y “Estanque en el bosque” (1496).
En los países Bajos, tanto Holanda como Flandes hacen grandes aportes al género de paisaje. En el caso de Flandes, se destaca el detalle y la minuciosidad en artistas como Jan Brueghel el Viejo (1528-1625) que capta paisajes de bosques con colores intensos y en Holanda, Vermer de Delft (1632-1675) con su hermosa “Vista de Delft” que anuncia los colores del impresionismo.
En el siglo XVIII, se ponen de moda las Vedutas, paisajes urbanos que adquirían de recuerdos los turistas que visitaban Venecia. En este hermoso género se destacan, entro otros, Giovanni Antonio Canal (Canaletto) con una visión más realista y objetiva y Francesco Giardi, con una reinterpretación romántica del tema.
En Inglaterra se desarrolla a fines del siglo XVIII una fuerte corriente paisajística que se convierte en antecedente de movimientos posteriores como el romanticismo, el impresionismo e incluso de la abstracción, en el caso de las creaciones de William Turner. John Constable, antecedente directo de la pintura romántica, crea su teoría del
“Claroscuro de la naturaleza” en la que considera que en la naturaleza la línea no existe ni tampoco el negro, dando paso al uso de la mancha de color como elemento predominante en la pintura y a la utilización de tonos complementarios para crear las diferencias de luces y sombras, tal y como lo hizo el Impresionismo con posterioridad.
En el siglo XIX, la corriente romántica que establece la conexión del yo con la naturaleza repercutió en la frecuencia del manejo del paisaje. Las inolvidables representaciones paisajísticas de Caspar Friedrich como obras como “El mar de hielo” y “El caminante sobre el mar de nubes”, donde muestra la sublimidad de la naturaleza frente a la pequeñez de la voluntad humana, son de las mejores obras de arte de todos los tiempos.
Es muy importante resaltar a la Escuela de Barbizón, con artistas como Francois Millet, Théodore Rousseau, Narcisse Díaz de la Peña, Jules Dupré, entre otros, que impulsó el gusto por la pintura al aire libre en entornos naturales, en contacto con el ambiente natural.
El impresionismo, desarrollado a partir de la década del 70 del siglo XIX, tiene como tema fundamental el paisaje, que le permite dar un papel preponderante a la captación de la luz natural y a los tonos complementarios. En el paisaje impresionista se destacan Claude Monet y Camille Pissarro, entre otros.
En la etapa postimpresionista a finales del siglo XIX, los paisajes geométricos de Cézanne recuperan el uso de la línea como en su serie de la “Montaña de Santa Victoria”, Paul Gauguin reinterpreta con grandes planos de color y perspectivas distorsionadas loa playas de las islas del pacífico y Van Gogh refleja su angustia existencial en obras como “La noche estrellada”.
Ya en el siglo XX, en la preguerra y la propia Primera Guerra Mundial, los expresionistas alemanes, que pintaron a las personas y a las sociedades humanas de forma agresiva y deprimente, volcaron toda su ternura en la captación de los paisajes que percibían como refugio donde alejarse de las contradicciones y problemas. Entre ellos destacan los miembros del grupo “El puente” como Ernst Ludwing Kirchner, con sus representaciones del valle de Davos, Erich Heckel con sus marinas y Emil Nolde con sus paisajes de colores intensos.
Con el surrealismo, el paisaje se torna atemporal, se carga de elementos incongruentes, en el caso de Salvador Dalí la perspectiva se alarga y se deforma, creando ilusiones ópticas y una polisemia evidente en obras como “La persistencia de la memoria”, donde en medio de un desierto se derriten relojes y una piedra que recuerda una caricatura del propio Dalí, proyecta su lengua buscando el agua vivificadora que nunca encontrará.
Otro gran surrealista que trabajó paisajes fantásticos, poblados de seres irreconocibles, donde las paralelas se citan y un niño grita “Mamá, papá está herido” fue Ives Tanguy quien creó un surrealismo único que se acerca a la abstracción.
En el expresionismo abstracto de mediados del siglo XX también estuvo presente el paisaje en obras como “La luz del Atlántico Norte” de Willem de Kooning donde capta el mar y su atmósfera y un barquito apenas perceptible navega entre las movidas aguas.
En el hiperrealismo o fotorrealismo, a partir de 1970, vemos paisajes maravillosos como los que ha captado el norteamericano Richard Estes, que se centra en los objetos del paisaje urbano, en la captación de las transparencias de los vidrios, en las calles solitarias, minimizando la representación de la figura humana. Entre sus obras destaca “Brooklyn Bridge” (1991) donde detalla los cables de acero y las estructuras del puente y, en el fondo, los rascacielos de New York que se recortan sobre un cielo profundamente azul.
En nuestro país han captado los ambientes paisajísticos grandes artistas como Alejandro Bonilla (1820-1901), Yoryi Morel (1906-1979), Darío Suro (1917-1977), Guillo Pérez (1923-2014), Cándido Bidó (1936-2011), José García Cordero (1951), Juan Andújar (1969), Yuly Monción (1974), Eusebio Vidal (1975), entre otros. En el caso de Yuly Monción refleja en ocasiones las viejas casas rurales y el deterioro que introduce el hábitat humano en los entornos naturales a través de la geometrización de las formas.
El paisaje es y será un género insoslayable dentro de la pintura de todos los tiempos, que expresa el deseo del ser humano de volver a la naturaleza de la que forma parte indisoluble.