Julio Sesar Mateo
El autor es ingeniero civil y economista
La economía dominicana está profundamente influenciada por dos variables clave: la tasa de cambio del peso frente al dólar y el precio del barril de petróleo. Ambos factores inciden directamente en el gasto público, la inversión y el poder adquisitivo de los ciudadanos.
Durante los primeros meses de este año, se ha observado un comportamiento inusual: el tipo de cambio y el precio del petróleo han seguido trayectorias paralelas, con un promedio cercano a los 60 dólares por unidad. Esta alineación ha contribuido a estabilizar ciertos indicadores macroeconómicos y podría abrir espacio para una mayor inversión pública.
El presupuesto nacional, que el Poder Ejecutivo somete cada año al Congreso en octubre, se construye en base a proyecciones de estas dos variables. Para 2025, se estimó un tipo de cambio de DOP 63/US$ y un precio de US$80 por barril. Sin embargo, la guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos ha reducido la demanda global, provocando una caída significativa en los precios del crudo.
Esta baja representa un alivio potencial para la economía dominicana: menor presión cambiaria, costos de producción más bajos, reducción en la factura eléctrica y combustibles más accesibles. Todo esto podría traducirse en un mayor poder adquisitivo para la población.
Los datos históricos confirman una estrecha correlación entre el precio del petróleo, la tasa de cambio y la inversión pública. Cuando estas variables se alinean favorablemente, el gasto en infraestructura ha llegado a representar hasta un 3.5 % del PIB, impulsando el crecimiento económico.
No obstante, el inicio de 2025 ha sido lento. El crecimiento económico registrado en enero y febrero fue de apenas 2.2 % y 0.7 %, respectivamente. Esto ha llevado a organismos internacionales y al propio Gobierno a revisar a la baja la proyección de crecimiento anual del PIB, de un 5 % a un 4.5 %.
En este contexto, resulta urgente reorientar el presupuesto complementario para fortalecer las partidas de inversión pública. Actualmente, la inversión en obras de capital apenas alcanza el 2.4 % del PIB, la más baja en cuatro décadas, lo que equivale a una reducción de más de 40 mil millones de pesos.
Una reactivación efectiva de la economía pasa, necesariamente, por una política fiscal más agresiva en inversión y un aprovechamiento estratégico de las condiciones actuales del mercado internacional.
