María Fals
La autora es crítica de arte
La educación estética tiene un doble carácter, preceptivo y creador, es decir, aprendemos a percibir el arte y a gustar de él y, al mismo tiempo, desarrollamos habilidades que nos hacen manejar los pinceles de forma precisa o tocar un piano sin equivocarnos ni siquiera en una nota.
La educación artística abarca los procesos de enseñanza aprendizaje tanto formales como informales a través de los cuales los seres humanos, tanto a nivel individual como social, van adquiriendo nuevas destrezas y conocimientos en torno al arte.
La educación estética tiene un doble carácter, preceptivo y creador, es decir, aprendemos a percibir el arte y a gustar de él y, al mismo tiempo, desarrollamos habilidades que nos hacen manejar los pinceles de forma precisa o tocar un piano sin equivocarnos ni siquiera en una nota.
La educación artística está vinculada al desarrollo entonces de la sensibilidad, de la capacidad de observación y ejecución, del pensamiento crítico, de la adquisición de nuevos conocimientos. En cierta manera, hemos podido conocer la historia de la humanidad a través de la historia del arte, ya que los objetos artísticos han sido los que han perdurado mayormente desde la prehistoria.
Para entender esto hay que comprender qué es el arte, su origen y cuáles son sus múltiples funciones. El arte es una forma de expresión creadora, que refleja al mismo tiempo la subjetividad del artista y las condiciones histórico-sociales en que fue creado.
A través de una escultura podemos “leer” una época, por ejemplo, observando el David de Miguel Ángel nos damos cuenta de la primacía del Humanismo durante el Renacimiento, de que el centro de todo era el ser humano, su grandeza y belleza. Si nos vamos miles de años atrás, al Paleolítico, vemos en las Venus de la Prehistoria el paradigma del matriarcado y la importancia de la fertilidad en un entorno natural hostil a la supervivencia humana.
El arte no surge como un elemento aislado, sino que es producto de la conciencia y de la actividad humana. Se relaciona con la conciencia estética, aquella que desarrolla el pensamiento sensible y lo hace apreciar la belleza tanto en la naturaleza como en el arte. Al mismo tiempo, la conciencia estética está vinculada a otras como la conciencia ética y la religiosa, así como a la ideología y concepción integral del mundo de cada sujeto social.
El arte nace vinculado a la representación religiosa y mítica, a un pensamiento que busca alcanzar la divinidad o el control de las cosas a través de lo mágico- propiciatorio, de aquello que atraiga todo lo deseado, ya sea alimento, bienestar, abundancia u otro bien material o inmaterial.
El arte posee diferentes funciones como la comunicativo-memorial, o sea, nos refiere a hechos o modos de vida del pasado, educativa, ya que a través del arte podemos adquirir nuevos conocimientos, ideológica, pues transmite un modo de pensar individual o colectivo, estética ya que se expresa a través de diferentes categorías como lo bello, lo feo, lo trágico, lo cómico, lo sublime y lo bajo.
El poder del arte para emocionar, sensibilizar, sanar el cuerpo y el espíritu es infinito. Sin embargo, el desdén de la sociedad hacia lo artístico, el desconocimiento de la importancia de los estudios creadores y apreciativos del arte y de su historia están muy extendidos.
El acceso y el amor a un arte de buen gusto, que al mismo tiempo que produzca alegría y placer, eleve a las personas hacia un desarrollo humano holístico, está aún muy limitado. Se están haciendo encomiables esfuerzos como la creación de la Modalidad en Artes en la Educación Secundaria, la creación de la Licenciatura en Educación Artística en diferentes universidades del país, congresos y eventos altamente significativos.
Numerosas Fundaciones están trabajando en áreas vulnerables y no vulnerables con el desarrollo del arte y de la escritura creativa, pero aún tenemos un largo camino que recorrer.
El desconocimiento sobre las diferentes formas de hacer arte, acerca de su belleza e importancia, se refleja en el mercado de los objetos artísticos. Cada día se hace más compleja la venta de obras de alta calidad, sobre todo si son de estilos y tendencias de Vanguardia o Postvanguardia, ya que el gusto del posible comprador responde mayormente a los paradigmas del Rococó del siglo XVIII, del Neoclasicismo y de las Academias.
Debido al desconocimiento, muchas personas pueden entender la geometrización cubista, la estilización y deformación expresionista, como defectos técnicos de la obra, que la hacen ser poco dignas de ser apreciadas.
También ciertas temáticas que tienen que ver con el folclor o las tradiciones culturales nacionales pueden ser desdeñadas en pro de códigos europeizantes o internacionales.
En síntesis, si no conocemos y apreciamos el estilo, el origen e importancia de una obra, no podemos valorarla en su justa dimensión; si no la valoramos, no la adquirimos y de esa manera se estanca el mercado del arte.
Por tanto, se hace altamente necesario que cada uno de los gestores culturales, artistas, galeristas, historiadores del arte, críticos de arte continuemos enfatizando en la educación artística del pueblo, fundamentalmente de las nuevas generaciones a través de diplomados, de acciones de arte público, de actividades comunitarias, para hacer que ese mercado gane aún más fuerza.


