María Fals
Fors. M.A Historiadora del Arte. Crítica de Arte,

Conozco la obra de la artista visual Pilar Asmar desde hace ya varios años. Rodeada de colores alegres, plantas exuberantes, caminos y rostros femeninos hermanados con el suyo, esta creadora nos ha llevado a mundos paradisiacos donde todo parece ser posible, donde la buena simiente siempre da el ciento por mil.

Periodista, discípula de Guillo Pérez y de la Escuela Nacional de Artes Visuales, recibió dentro de su formación entre el año 2002 y el 2006 diferentes cursos de artes decorativas con Zoraya Medina. También ha estudiado grabado, dibujo y pintura con los maestros Leonardo Durán, Milagros Guerra y Pedro Veras. En su formación académica además están presentes conocimientos de Historia del Arte y de restauración.
Integra desde el 2010 del taller Araorum junto a los artistas cubanos Ana María Nardo y Francisco Sánchez, “Guanabacoa”. Ha presentado lienzos en numerosas exposiciones entre las que se destacan “Vaivén”, presentada en el 2016 en Santiago de Chile y en el Colegio Dominicano de Artistas Plásticos de Santo Domingo,” Et tu, art brute” en Nueva York en el 2017, así como “Amalgama” en Gallery Art Factory de Orlando, Florida, en el año 2018.

Entro ahora a desandar caminos, adentrándome su obra en un viaje del presente al pasado. A través de su Facebook, de catálogos de sus exposiciones que conservo, hago un viaje a la semilla. Recorro de esa forma su serie “Las Miradas de la sabiduría”, del 2016, donde realiza cuadros llenos de vida, con plantas y peces que ondulan en el aire. Me siento entonces a ver pasar el tiempo en una otomana de tela pintada con el loto del renacer y la faz de las edades, meditando en plenitud sobre el porqué de las cosas.

Me deslizo luego sobre las verdes aguas de un lago de los recuerdos, llegando hasta un día de las madres del 2019, donde un loto leitmotiv presente siempre, recién nacido entre tonos violetas, verdes y rosados, mira a través de sus párpados cerrados dejando la espiral del desarrollo crecer a saltos, vencer obstáculos, renacer y salvar esta tierra de todos que hoy está enferma.
Recuerdo entonces su participación en Byblos en ese mismo año, ese Byblos inolvidable de la PUCAMAIMA de Santiago, donde hicimos lazos de afecto y hermandad eternos con Mariojosé Ángeles. Sobre esa exposición escribí un catálogo muy amado lleno de sueños y de esperas. Y me abraza su Venus de Milo, le sonrío a las ovoides figuras femeninas encerradas, doy la mano a su mujer luna con cabellos de raíces, Dafne inversa testigo del todo y de más.

Ha pasado un año desde entonces, o un siglo, ya no sé. Han pasado muchas cosas, murieron afectos mutuos, salió a la luz un virus nuevo y el mundo paradisiaco y luminoso de Pilar, como el de todos, se llenó de sombras y se volvió un río crecido de propuestas y de dudas. Llegó así el anochecer de Osiris, que en su barca navega bajo el Nilo, para renacer mañana en el amanecer de Horus.
Ahora vuelvo del pasado hacia el presente y la luz se va perdiendo, y los ojos van abriéndose ante el frío y el dolor. Y un 15 de febrero me asaltó su versión de Mona Lisa, oscura y radiante como obsidiana viva, acabada de surgir en su serie Bocetos atemporales en Dibujo Digital.

La Gioconda estaba sonriéndose burlona, mientras yo leía en su mirada la vieja interrogante de Gauguin:” ¿Quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos?” Más tarde, la Nefertiti de madera policromada se puso la máscara para protegernos de la maldición del Faraón, me observó con tristeza y me alertó de un futuro en que todo cambió.

Mas allá, llegó un niño, inocente de todo, que nos salva y conmueve y nos da un por qué, creando un díptico hermoso con una niña-sonrisa que nos pide cordura con un “Quédate en casa” y un cartel en las manos en su Serie XX20. Una de sus obras de esta serie es “Angustia”, con una figura detrás de la ventana de vidrio, donde se habla, según las propias palabras de la artista de “sentimientos inevitables ante la incertidumbre, el dolor de nuestra realidad y sobre todo la impotencia”. Otra imagen que me llega muy hondo es “Cargando la vida, una embarazada en cuarentena “, mujer aferrada a su vientre, a su simiente con vida que ya está por venir.

Y seguimos en casa, y bebemos café envueltos en toallas de encierro, protegidos, ¿seguros? Y vamos acostumbrándonos a la vida tal y como es ahora, adentrándonos en una nueva forma de sentir, de trabajar, de ser y de amar. Y el loto de Pilar Asmar resurge de nuevo del fondo de su alma y su obra “ Sin lodo no hay loto”, nos dice que sin dolor no se crece, que sin dolor no se nace, no se construye, no se crea.
Buenas nuevas vendrán de un balcón florecido en el dintel de la primavera como ese salido de tus manos, Pilar. Sin los rostros ocultos y las manos tomadas, andaremos muy pronto por senderos de luces, de esperanza y de paz.
