María Fals
La autora es crítica de arte

La historia del arte es la historia de la humanidad interpretada a través de su producción artística. Analiza científicamente cómo el pensamiento sensible de cada período produjo objetos, obras de arte, estilos, maneras de comprender el mundo y de crear por parte de los seres humanos.
La enseñanza de la historia del arte puede hacerse solo a través de la escucha y repetición de contenidos, de un material de apoyo visual que te acompañe en el viaje y te permita ejemplificar y compartir lo que conoces, pero la forma más emocionante y, por tanto, más pedagógica es la participación activa en el proceso del grupo de estudiantes convertido en equipo de trabajo.
Parto de mi análisis teniendo como base las experiencias del Diplomado en Historia del Arte, curaduría y museografía que imparte Philartis R.D. en el Museo Freddie Cabral y del primer encuentro de la materia de Seminario de arte caribeño y latinoamericano contemporáneo de la Maestría en Artes Visuales. Promoción 2025-2027 de la Facultad de Artes de la UASD.
En el Diplomado, de forma sintética, pretendíamos abarcar la historia del arte oficial, esa que viene en las enciclopedias del arte. Pero la pregunta de una de las participantes, que nos interrogaba sobre lo que ocurría en América mientras estaba desarrollándose la Grecia Clásica nos llevó a ampliar el espectro, a introducir informaciones relacionadas con el arte precolombino de los Olmecas, a hablar del arte africano y de la cultura Nok de Nigeria, de la India milenaria con las culturas Harappa y Mohenho Daro, del período de los drávidas y la posterior llegada del budismo.
El enfoque práctico de este diplomado aterriza el contenido de la historia del arte en una vivencia práctica de curaduría y museografía que permita que convierta a los alumnos en un equipo de trabajo colaborativo que aplique los conocimientos teóricos en una experiencia práctica y transformadora no solo de un espacio visual, sino que fomente el compañerismo, la empatía, la comprensión de las cosas vistas también desde los ojos del otro, entender mejor el aquí y el ahora, al entender el proceso que llevó a la humanidad al momento actual no solo en el aspecto artístico cultural, sino político, económico y social.
Aprender a través de la vivencia fue también el propósito del primer encuentro de la materia de Seminario de arte latinoamericano y caribeño. Seleccionar los grupos al azar contó al inicio con cierta resistencia ya que algunos preferían trabajar con equipos ya conformados anteriormente por ellos mismos.
Sin embargo, en un mundo complejo como el de hoy, donde las fronteras entre los países y también entre las personas pretenden limitarse a las zonas de confort y no abrirse al otro, al ajeno, al desconocido, una de las premisas es el trabajo colaborativo, inclusivo y abierto al cambio.
Comenzamos trabajando conceptos como realidad y mito, sincretismo y transculturación, hicimos el análisis de la mitología taína y de mitos afrodominicanos, comprendiendo que la realidad objetiva existe más allá de nuestra conciencia, pero que el ser humano la interpreta a través de su conciencia creando una realidad para sí mismo donde se conjuga lo individual y lo social.
Vivenciamos a través del mito, de esa concepción del mundo ancestral, el artista y nosotros mismos hacemos del mundo una realidad marcada con nuestros juicios, con nuestros criterios, con las visiones de nuestra comunidad educativa y de nuestra propia psicología.
Así, en equipos hermanados de tres a cuatro participantes, vivieron y pintaron a una ciguapa- paisaje que aplicaba la imagen paranoica de Dalí y que tenía sobre su vientre una tambora dominicana, se recordó la piedra de Anacaona, que siempre vuelve al mismo lugar, a Atabey, madre de las aguas, protectora de los partos para la que danzaron en círculos, comprendieron el valor de las piedras, de los ancestros, tuvieron la vivencia de un Obbatalá que al crear imperfectos a los primeros seres humanos asumió su responsabilidad y se prometió a si mismo permanecer sobrio eternamente.
Según el decir de una de los maestrandos, de aula se convirtieron en equipo, en un solo ser de muchos cuerpos, tocaron música y fabricaron obras con objetos encontrados, apagaron y encendieron las luces del salón para que los otros lucieran su trabajo, crearon la magia del arte a través de la voz, del dibujo, de la poesía, de una flor de flamboyant, recordaron sus infancias, vinculando lo ético y lo estético en un momento feliz y de autorrealización.
Comprendieron que el mito vive y se actualiza hoy entre nosotros, que el Caribe es cada uno de los seres humanos que se acerca a sus aguas azules, que es diverso y complejo, pero es nuestro. Así, con experiencias teórico-prácticas, con una enseñanza de la historia del arte en función social, podemos contribuir a que nuestros entornos sean espacios de comprensión con energía positiva y contribuir al desarrollo humano, nuestro y de todos, a partir del aprendizaje emocionante y vivencial de la Historia del arte y la cultura.
