María Fals
La autora es crítica de arte
Los temas más comunes en su etapa dominicana fueron los paisajes y la figura humana. Iba muchas veces a la margen oriental del río Ozama, que divide en dos la ciudad de Santo Domingo, a pintar junto con sus discípulos y a compartir con la gente de la zona.
José Gausachs (1889-1959) nacido en Barcelona, se acercó a temas identitarios en la República Dominicana, “identidad que manifiesta al explorar la realidad con una mirada entusiasmada y recreadora, asociándose con el arte dominicano de manera arquetípica, influyente e indisoluble” (De los Santos, 2003, p. 139).
Inició su formación en su ciudad natal. Viajó a París a los veintidós años y se ubicó en Montparnasse, de donde retornó a su tierra por el inicio de la Primera Guerra Mundial. Allí conoció a Tristán Tzara, a Modigliani, a Picasso, a Braque, a Juan Gris, a Albert Marquet y a otros genios artísticos de comienzos del siglo XX.
En Mayorca, hizo vitrales para la Catedral y cuando emigró de Europa rumbo a América ya era un pintor reconocido internacionalmente, que se movía entre París y Barcelona, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja y de la Academia de Bellas Artes de Barcelona.
En el período inicial a su llegada su arte se había desarrollado dentro de un estilo donde predominaba la pincelada suelta y la influencia del impresionismo en los colores complementarios y del expresionismo en la fuerza, la deformación de la forma y la textura áspera. Sus temas preferidos eran las marinas, los paisajes montañosos, las naturalezas muertas con peces y los toreros. Un ejemplo de obra de esta etapa es Las montañas de Montserrat, donde los montes se diluyen entre la nieve, dejando apenas visible las rocas y las puntiagudas cimas.
Vino a la República Dominicana en 1940 por los conflictos bélicos que ocurrían en Europa. En este país permaneció casi sin interrupciones hasta su fallecimiento en 1959. En 1942 pasó a formar parte del primer claustro profesoral de la Escuela Nacional de Bellas Artes. En 1946, es nombrado subdirector de esa institución y realizó una amplia labor docente, a través de la cual promovió el acercamiento a temas identitarios en numerosos discípulos como Clara Ledesma y Gilberto Hernández Ortega. Con ellos forma en 1954, junto con Jaime Colson, el grupo “Los Cuatro”.
Encontrará Gausachs el alumnado esmerado de la ENBA, ávido de saberes, con sus primeros egresados, entre los que destacan Hernández Ortega, Marianela Jiménez, Clara Ledesma, Nidia Serra, Martínez Richiez, Tony Prats Ventós. Seguidos por la generación de los 50: Eligio Pichardo, Paul Giudicelli, Domingo Liz, Peña Defilló, Silvano Lora, Gaspar Mario Cruz, Antonio Toribio, Ada Balcácer y Guillo Pérez. (Castillo, 2022, octubre 28)
Es importante destacar que, si bien Gausachs incentivó a sus alumnos a trabajar lo dominicano en su arte, analizar que al momento de su llegada ya varios artistas del país como Celeste Woss y Gil (1891-1985), Darío Suro (1917-1997) y Jaime Colson (1901-1975) se habían adentrado en la exploración temática en la identidad dominicana, en la representación de tipos y costumbres dominicanas, en obras donde lo mestizo y lo negro estaban presentes junto a la raíz hispana.
En el año 1942 se fundó la Escuela Nacional de Bellas Artes, que, aunque tuvo como director a otro emigrado, el escultor Manolo Pascual, en su primer claustro profesoral estuvo también presente Celeste Woss y Gil.
En el caso de la obra de Gausachs realizada en la República Dominicana se aprecia la mezcla de diferentes estilos como la abstracción y el surrealismo, predominando el contenido simbólico vinculado a lo espiritual y mitológico.
Utilizó distintas técnicas como la sanguina, el pastel, la tinta china, el óleo sobre tela, papel y cartón.
José Gausachs trajo consigo una dicción plástica esencialmente postimpresionista y neoexpresionista caracterizada por su brillante asimilación de los postulados de las primeras vanguardias europeas.
Sin embargo, en breve tiempo, la luz, la magia de la naturaleza y el “aire cristalino” de las islas; las “sonoridades” culturales, el ritmo y la misma cadencia energética de la mujer afrocaribeña, así como los enigmáticos y maravillosos destellos del trópico antillano, afloraron en un repertorio de imágenes signadas por su espléndida síntesis expresiva y su gracia estética inevitable (López, 2015, 7 de noviembre).
José Gausachs trabajó el tema negro en sus obras y difundió- como también lo hicieron Celeste Woss y Gil, Colson y Suro-el acercamiento a temas identitarios en un período en que se promovía la raíz hispana por sectores conservadores de la intelectualidad y por el dictador Rafael Trujillo Molina.
Evolucionó desde el Impresionismo y el Postimpresionismo hacia un arte maduro, profundamente fascinado por lo dominicano, por su sistema de creencias, sus tipos sociales y raciales, su negritud y mestizaje, sin caer nunca en lo exótico y lo folclórico. Trabajó de forma estilizada a la mujer negra en sus llamadas “negritas”, resaltando su elegancia y belleza.
Los temas más comunes en su etapa dominicana fueron los paisajes y la figura humana. Iba muchas veces a la margen oriental del río Ozama, que divide en dos la ciudad de Santo Domingo, a pintar junto con sus discípulos y a compartir con la gente de la zona. En cuanto a la representación humana, prefería pintar mulatos y negros, hombres y fundamentalmente mujeres.
Con esa misma chispa vibrante Gausachs tocó casi todo tema pictórico y utilizó casi todo medio plástico. Como maestro, Gausachs “enseñó a ver” a artistas de la talla de Gilberto Hernández Ortega y Clara Ledesma, e incluso a la más joven Ada Balcácer y les hizo conscientes del mundo fascinante, lleno de magia y misticismo de la negritud antillana. (Ureña, 1977, 23 de julio)
Entre las obras de Guasachs de temática negra destaca Mujer pensando (Ca.1944) realizado en la técnica de gouache sobre papel, donde se aprecia una joven mestiza en escorzo, sentada y con el pecho desnudo, de la cual enfatiza su negra cabellera suelta, su frente profunda y sus gruesos labios. Pintura realizada de una manera rápida, sugiere un boceto más que una obra terminada. Se aprecia en ella una gran carga de veracidad y espontaneidad y recuerda en los trazos al postimpresionista Toulouse Lautrec, pero con una temática dominicana.
En la segunda mitad de la década del cuarenta su obra va evolucionando hacia la estilización. A este período pertenece Las tres Gracias (Ca. 1947), óleo sobre tela de 71×102 cm de la colección del Museo Bellapart, donde representó tres figuras femeninas sin rostro y sin cabello, con grandes pechos, largos brazos y manos de tres dedos. La piel de la mujer del centro es azul, las laterales tienen la tez negra. En este cuadro es evidente su evolución hacia un arte sintético, donde se mezcla la deformación expresionista en el uso de la línea curva, con el cubismo y la búsqueda de lo esencial, característicos de su arte de la década del cincuenta.
De 1955 es su obra Bosque Mágico, perteneciente a la serie Manigua Party. Esta pintura fue trabajada en base a una monocromía de verdes, que van desde tonalidades claras hasta las más oscuras. En ella predomina un formato vertical de 76 X 61 cm y está realizada con la técnica del óleo sobre cartón. Las figuras sugieren siluetas de plantas o seres humanos, cuyos senos y glúteos, brazos y piernas y manos se entremezclan y permiten adivinar un rostro de perfil que expresa la energía vital de ese bosque, de ese monte lleno de fuerzas y entidades.
Sobre esta serie, Manigua Party, a la que pertenece Bosque Mágico, la historiadora, crítica de arte y curadora Paula Gómez Jorge, expresa en sus palabras al catálogo de la exposición Artistas españoles en la colección Bellapart. Ecos de la Vanguardia Europea:
En la Serie Manigua Party, de mediados de la década del cincuenta, aparecen agrupamientos de figuras femeninas donde se trastoca la relación fondo y figura, a manera de simbiosis del cuerpo femenino con la vegetación, en este caso el manglar, caracterizada por la mutación de lo corporal humano y lo vegetal. (Gómez, 2007, p. 13)
En resumen, la obra de José Gausachs evolucionó desde una pintura con influencia de estilos de finales del siglo XIX como el impresionismo y el Postimpresionismo, hacia un arte de Vanguardia de carácter surrealista con elementos expresionistas y estilizados.
A partir de su llegada a la República Dominicana en 1940, su obra se va impregnando de la luz y el color tropical, se adentra en la reinterpretación artística de lo dominicano y caribeño, en el simbolismo religioso sincrético, en la representación de lo ancestral y mitológico, en la búsqueda de una identidad ajena a lo superficial y folclórico, en la captación de la atmósfera caribeña de la cual se siente también hijo.
Con su visión estética identitaria, enamorado de lo dominicano en su integralidad, influye en sus discípulos como Clara Ledesma, Gilberto Hernández Ortega, entre otros, que continúan este camino de reafirmación de lo propio, de reinterpretación de la hibridez de la que somos parte, donde lo negro y lo blanco se mezclan, desafiando prejuicios y culturas impuestas, recreando un producto original y nuevo: la cultura dominicana.
Referencias:
C Castillo, J. (2022, 28 octubre). Gausachs y la brigada republicana. Diario Libre. https://www.diariolibre.com/opinion/columnistas/2022/10/27/josep-gausachs-y-brigada-republicana/2122763
De los Santos, D. (2003). Memoria de la Pintura Dominicana. Impulso y desarrollo moderno.1920-1950. Colección Centenario. Grupo León Jimenes.
Miller, J. (2006). Importancia del contexto histórico en el desarrollo del arte dominicano. Cronología del arte dominicano: 1844-2005. Universidad Nacional de Córdoba, Secretaría de Ciencia y Tecnología (SEECyT).
Gómez, P. (marzo 2007) Ecos de la Vanguardia Europea. Artistas españoles en la Colección Bellapart. Museo Bellapart.
López, A. ¡José Gausachs: pionero de la modernidad! (2015, 7 de noviembre). Hoy. https://hoy.com.do/jose-gausachs-pionero-de-la-modernidad/
Ureña, P. (1974, 23 de julio). José Gausachs. Un camino entre lo bello y lo esencial. Listín Diario.



