María Fals
La autora es crítica de arte
La negritud fue un movimiento cultural de reconocimiento, resistencia y reivindicación del papel de las culturas negras y sus aportes surgido como reacción al racismo y al colonialismo cultural. Tuvo su epicentro en Francia, donde emigrados africanos como el senegalés Leopold Sédar Senghor, el guyanés León Gontrán Damas, y Guy Tirolien, nacido en Guadalupe, entre otros encausan sus búsquedas hacia la conexión con África y sus aportes a la identidad cultural caribeña.
Los antecedentes del concepto negritud también hay que buscarlos en la década del 30 del siglo XX, cuando los escritores norteamericanos Langston Hughes, Claude Mac Kay, Stirling Brown, Countee Gullen y Jean Toomer publican la Revista del Mundo Negro en París En ella declaran su decisión de rescatar las raíces africanas como parte de la identidad cultural de América.
El escritor martiniqués Aimé Césaire, en viaje de estudios a París, crea un grupo literario y de resistencia junto a los poetas Léopold Sédar Senghor, de Senegal, León Gontran Damas, guyanés, y Guy Tirolien, nacido en Guadalupe, que encausa sus búsquedas hacia la conexión con África y sus aportes a la identidad cultural caribeña. Césaire y Senghor fundan la revista El Estudiante Negro (L’Etudiant Noir), donde definen el concepto de negritud como un retorno a los orígenes, a la tierra natal, a una cultura que fue ocultada y discriminada por el colonialismo occidental.
La negritud tuvo diferentes matices de acuerdo a los que se acercaron a ella. En el caso de Senghor se observa la exaltación de los valores culturales negros de su África natal a la que pertenece por nacimiento, en el de Césaire se aprecia la escogencia de esa identidad que ha sido ocultada y discriminada, lo que demanda un proceso paulatino de autoaceptación, reconocimiento y valoración que describió magistralmente el psiquiatra martiniqués Frantz Fanon en su libro “Piel negra, máscaras blancas” (1952).
Césaire consideraba que era su negritud lo que le permitiría insertarse en lo universal, ya que de esa manera partía de su originalidad, de su propia identidad y de sus principios para aportar lo propio a la diversidad de la cultura humana. Esta posición se vincula al panafricanismo, que preconiza la existencia de una civilización negra universal, tal y como existe una civilización europea, pero, en este caso, con variantes culturales dentro de África, América y otros lugares con presencia negra, y que la negritud, más que un basamento biológico, tiene un fundamento cultural e histórico.
Además, Césaire concebía la negritud como un movimiento de carácter político que contribuiría a la descolonización de África y a la liberación de los negros. En el centro de su concepción estaba valorar la importancia de revivir la memoria histórica que nos hermana con los elementos culturales de procedencia africana, y al mismo tiempo otorgar a este proceso un carácter social y de denuncia, al tratar de que las voces negras, tradicionalmente desoídas, fueran escuchadas en pie de igualdad.
El panafricanismo surge en el Congreso Panafricano, realizado en Londres en 1900, y estuvo dirigido a rescatar y afirmar los valores culturales de la raza negra, y la igualdad de sus capacidades en relación con otras razas.
En los EE. UU., W.E.B. Dubois escribió El mundo y África, en inglés The World and Africa, an Inquiry into the Part Which Africa has Played in Word History (1947) y Almas del Pueblo Negro, en su lengua original The Souls of Black Folk (1903) en las cuales cuenta la historia del pueblo negro en África y en América, exaltando sus tradiciones y valores culturales al mismo nivel de las culturas de Asia y Europa.
Otra de las publicaciones relevantes en torno a la negritud es el ensayo de Jean-Paul Sartre Orphée Noir (1948), en el que describe desde su punto de vista cómo los negros que han sido marginados y discriminados por muchos años perciben la cultura blanca a través de una actitud de resistencia social y cultural:
el negro, como el trabajador blanco, es víctima de la estructura capitalista de nuestra sociedad […] el negro que revindica su negritud en un movimiento revolucionario se coloca en el terreno de la Reflexión, bien sea que quiera encontrar en sí mismo rasgos objetivos y comprobados de las civilizaciones africanas o que espere descubrir la esencia negra en las profundidades de su corazón (Sartre, 1948, p.5)
El movimiento de la negritud coincide con el acercamiento de los artistas e intelectuales europeo al arte primitivo, al arte africano y de las culturas tradicionales en general y tuvo un fuerte impacto en las concepciones culturales caribeñas, que asumieron críticamente la invasión del pensamiento eurocéntrico. En la literatura, las artes y los estudios antropológicos del Caribe y América Latina estuvieron presentes esas corrientes cuestionadoras.
Intelectuales como los martiniqueses Édouard Glissant, Jean Bernabé, Patrick Chamoiseau y Raphael Confiant, los haitianos Jacques Roumain, Jacques Stephen Alexis, René Depestre, los dominicanos Soraya Aracena, Carlos Esteban Deive, Celsa Albert, Carlos Larrazábal, Hugo Tolentino Dipp, Franklin Franco, Odalís Pérez, Geo Ripley y los cubanos Fernando Ortiz, Lydia Cabrera, Yolanda Wood, Rolando Álvarez Estévez, Nancy Morejón, entre otros, han trabajado de manera amplia este tema en sus investigaciones.
En América, artistas visuales como los cubanos Wifredo Lam y René Portocarrero, el puertorriqueño Rafael Tufiño, los dominicanos como Gilberto Hernández Ortega, Clara Ledesma y Ada Balcácer trabajaron temas relacionados con la influencia afrodescendiente en los aspectos étnicos, cosmogónicos, míticos y formales de nuestras culturas caribeñas.
Un ejemplo de la vigencia internacional en el campo de las artes visuales de la influencia de la negritud y corrientes intelectuales cercanas a sus concepciones fue la exposición del puertorriqueño Daniel Lind Ramos, nacido en Loíza, titulada “El Viejo Griot.
Una historia de todos nosotros” que fue presentada en el MOMA PS1 en el 2023, donde el artista utilizó palas y redes de pesca, tambores y panderos de plena, entre otros materiales, para elaborar esculturas e instalaciones monumentales donde exaltó los aportes afrodescendientes en la religiosidad popular y en la vida cotidiana de su isla amada.
Referencia:
Sartre, J. P. (1960). Orfeo Negro. Revista de la Universidad de México. https://www.revistadelauniversidad.mx/download/3671671a-743e-4841-836c-400afc25ef40?filename=orfeo-negro