María Fals
La autora es crítica de arte
Hoy sabemos que el arte está presente en cada momento de nuestras vidas, en la silla en que nos sentamos, en el plato en que comemos, en el cuadro que adorna nuestras paredes y nos alegra el día al contemplarlo, en la música que escuchamos, en la ropa que vestimos, en los zapatos que calzamos…
El arte es una expresión del mejoramiento humano, de la búsqueda de lo sublime y de la conexión espiritual, es expresión creadora y creativa que acompaña a las personas. Cada obra de arte es única, expresión individual de su autor, pero también recoge elementos de la conciencia colectiva, arraigados en la individualidad del artista.
Sin embargo, desde sus orígenes, ha sido práctico y utilitario. Su función estética ha servido para armonizar la forma de los objetos y hacerlos más hermosos y cercanos al agrado de los seres humanos. Muchos filósofos trataron, como Emmanuel Kant en el siglo XVIII, de ver el arte y la belleza como conceptos ajenos a lo útil, considerando que las Bellas Artes debían alejarse de todo sentido práctico, el cual veían como algo opuesto a su existencia misma.
Diseñadores como William Morris en la Gran Bretaña del siglo XIX, se opusieron a lo industrial y a la producción seriada, considerando que iban en contra de lo creativo y de lo estético, priorizando la producción artesanal de obras únicas inspiradas en el pasado gótico, que paradójicamente buscaban también lo funcional.
Pero poco a poco surge el diseño industrial, área del conocimiento y de la actividad humana que busca vincular la función de los objetos, herramientas, mecanismos y accesorios que utilizamos con la belleza de sus líneas, de su color, con la calidad y precisión de su confección.
Todo objeto debe ser amigable en su manipulación, debe comunicar fácilmente como funciona para que las personas puedan utilizarlo, debe ser lógico, ergonómico, adaptado a las medidas del ser humano, para evitar incomodidades y hasta daños permanentes. Al mismo tiempo, para que nos invite a su adquisición, debe ser bello, atractivo a las personas por su aspecto físico.
En la actualidad, nadie duda en ubicar la carrera de diseño industrial como una faceta del aprendizaje de las artes. En la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la carrera de Diseño Industrial pertenece a la Escuela de Diseño
Industrial y Modas de la Facultad de Artes. Allí los estudiantes aprenden sobre el funcionamiento y aplicación de cada tipo de diseño y crean nuevas tipologías de objetos sin dejar a un lado la búsqueda de la belleza.
Vamos dejando atrás, paulatinamente, la separación artificial entre arte y vida cotidiana. Vamos volviendo a las raíces, donde el arte servía para crear un instrumento de trabajo o defensa, una vasija de barro rojo, un granero para almacenar alimentos, un ídolo al que invocar en momentos en los que se necesitaba una ayuda superior.
Hoy sabemos que el arte está presente en cada momento de nuestras vidas, en la silla en que nos sentamos, en el plato en que comemos, en el cuadro que adorna nuestras paredes y nos alegra el día al contemplarlo, en la música que escuchamos, en la ropa que vestimos, en los zapatos que calzamos, en nuestras casas, en nuestros autos, en nuestras computadoras y teléfonos celulares.
Arte y vida se entrelazan para hacer más amable la existencia diaria, haciéndonos más felices y más adaptados al entorno que nos rodea y que transformamos con las actividades que realizamos en él.



