Margarita Quiroz
La arquitectura del siglo XX ha estado influenciada por la necesidad de buscar un espacio funcional habitable para una población mundial cada vez más creciente. Al mismo tiempo, las reminiscencias de estilos historicistas de tradición grecorromana emergen en ella cada cierto tiempo como un fantasma que no puede ser olvidado.
Entre 1911 y 1913 se construyó en Alemania la fábrica Fagus, diseñada por Walter Gropius y Adolf Meyer. Sus formas cúbicas y geométricas, sus grandes ventanales de vidrio que permiten la entrada de luz natural y la ausencia de decoración en sus muros crearon un modelo estilístico arquitectónico que aún no ha sido superado y que ha sido designado con diferentes nombres como Racionalismo o Funcionalismo.
Al mismo tiempo, desde 1890 hasta aproximadamente 1920, el Modernismo o Art Nouveau pregonaba el equilibrio entre materiales de origen industrial y lo artesanal, inspirándose en elementos naturales y biomórficos, en lo policromo, en el diálogo entre los muros opacos y el vidrio transparente, en las líneas curvas y el latiguillo, tal como lo muestran la casa Tassel de Víctor Horta en Bruselas y la Casa Milá de Antonio Gaudí en Barcelona.
El Art Nouveau fue mutando para dar paso al Art Decó alrededor del 1925, el cual sustituyó las líneas curvas por las quebradas. El uso de pilastras adosadas al muro, decoradas con estrías y a veces con azulejos, la estructura escalonada de los edificios, el énfasis en lo geométrico que remeda al zigurat mesopotámico, hizo del glamouroso Art Decó un estilo arquitectónico inconfundible que puede apreciarse en el Empire State en Nueva York, en el edificio López Serrano de La Habana o en la Catedral de Puerto Plata en República Dominicana.
Sin embargo, a pesar del desarrollo de estos dos estilos, el Racionalismo seguía cada vez más vigente. Su lenguaje sencillo se había convertido en un modelo de enseñanza en la Bauhaus en Alemania y múltiples edificios, como el que albergó dicha escuela en Dessau, el Pabellón de Barcelona, la Villa Savoye, siguen formando parte de las ilustraciones de los tratados de arquitectura y del entorno urbano.
En 1933 Le Corbusier redactó la Carta de Atenas donde planteaba los presupuestos teóricos de este estilo, entre ellos la relación equilibrada de las edificaciones con la naturaleza, así como las funciones básicas que cumplen las personas en las ciudades: habitar, circular, trabajar y recrearse.
Poco a poco fueron surgiendo nuevos estilos que reaccionaron contra el Racionalismo como fueron el Organicismo, que buscaba una integración aún mayor con lo natural en lo formal, espacial y en el uso de materiales, surgiendo maravillosos exponentes arquitectónicos como el museo Guggenheim en Nueva York de Frank Lloyd Wright.
A mediados del siglo XX surge el Brutalismo, que como su nombre lo indica, busca dejar las estructuras internas a la vista, que el muro prescinda del pañete y de la pintura, otorgando mayor importancia a la forma que a la función, olvidándose de los costos y priorizando la individualidad creativa del arquitecto. Edificios como el instituto Marchiondi de Vittoriano Viganó en Italia y la capilla Ronchamp del ya mencionado Le Corbusier, son importantes ejemplos brutalistas.
A finales del siglo XX se desarrolla la arquitectura postmoderna que busca conciliar lo decorativo de los estilos del pasado con la arquitectura contemporánea. Materiales de última tecnología, sustitución de la funcionalidad por el capricho, la ambigüedad, la alegoría y la parodia son algunas de sus principales características.
Entre los principales ejemplos de arquitectura Postmoderna se encuentran la Plaza Italia (1978) de Charles Moore en Nueva Orleans cuyos vanos ciegos, rutas de circulación peatonal confusas y abarrocamiento de arcos y columnas, crean un conjunto que invita al asombro, a la curiosidad y a un homenaje a la comunidad de origen italiano que vive en esa ciudad.
Un último estilo nacido en el siglo XX, pero que se mantiene hoy muy presente, es el deconstructivismo. Su fantasía estructural y decorativa, su búsqueda de lo absurdo, su caos ordenado y su fuerza simbólica ha dado lugar a edificaciones inolvidables como el Museo Guggenheim en Bilbao de Franz Gehry, la ópera de Guangzhou de Zaha Hadid y el Museo del Holocausto en Berlín de Daniel Libeskind.
Todos estos movimientos son ejemplos de cómo las ideas innovadoras de un arquitecto pueden materializarse, creando espacios diversos donde los seres humanos convivan. Sin embargo, aún falta mucho para lograr el paradigma de los racionalistas de crear “hábitats dignos y funcionales posibles” al alcance de todas las personas. Sigamos construyendo el bien y la belleza para lograr un mundo mejor donde ese sueño pueda hacerse realidad.





