María Fals
La autora es crítica de arte
Hoy, a las puertas del 213 aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte, recordar el homenaje artístico que Abelardo Rodríguez Urdaneta dedicó a quien fuera figura cimera de la independencia de República Dominicana frente a Haití, es un tributo de recordación a su ejemplo
Abelardo Rodríguez Urdaneta fue un gran artista dominicano que mostró gran dominio en la pintura, la escultura y la fotografía. Nació en 1870 y falleció en 1933. Sus obras, de carácter académico, poseen belleza y manejo técnico. Fue discípulo del pintor español Juan Fernández Corredor. En 1908 creó su propia academia donde impartió clases de pintura, dibujo y escultura, siendo maestro de otros grandes como Aida Ibarra, Delia Weber y Fernando Báez.
Creador de importantes retratos de personajes de la historia de nuestra tierra, entre sus esculturas destaca la imagen de Caonabo. las colecciones del Museo Bellapart y del Museo de Arte Moderno conservan y muestran algunas de sus más importantes obras.
Uno de los más importantes retratos pictóricos de Urdaneta es el de Juan Pablo Duarte, Padre de la Independencia dominicana, trabajado con la técnica del óleo sobre tela, con dimensiones de 81 X 61 cm. En él interpreta a Duarte maduro e idealizado, cuya frente está marcada suavemente con las huellas de los años y el sufrimiento. Sus ojos claros y mirada serena reflejan al mismo tiempo dolor y determinación.
El color predominante en el cuadro es el ocre, en contraste con el blanco. El artista maneja con sabiduría el claroscuro, lo que le permite dar relevancia al rostro iluminado del héroe. Los tonos se van transformando suavemente, degradándose a través del sfumato y minimizando el uso de líneas de cierre para delimitar la figura.
Su interpretación caracteriza a un Duarte inmortal, cuya esencia quiere dejar plasmada a través del arte como imagen de referencia.
Posteriormente, en 1913, Urdaneta realizó un busto de Duarte en mármol que se encuentra en el Palacio de la Unión Panamericana en Washington, E.E.UU. En esta obra Urdaneta mezcló algunos rasgos de su propio rostro con los del personaje retratado, algo común en la historia del arte desde Leonardo da Vinci hasta la actualidad.
Con esta efigie, Urdaneta pretende mostrar en toda su grandeza, no al patriota dolido por la traición y el exilio, sino a un ejemplo a seguir, a un fundador de la Patria, al que diseñó la bandera y elaboró un proyecto de constitución de carácter liberal y democrático.
Es justo aclarar que la única fotografía conservada de Juan Pablo Duarte y Diez es la de Próspero Rey, realizada en 1873 en Caracas, Venezuela, que se conserva en el Archivo General de la Nación, en República Dominicana. En ella aparece con su rostro libre de reinterpretaciones pictóricas, con la barba y el bigote blancos, coronado por cabellos oscuros, ofreciendo una visión mucho más realista de la figura duartiana.
Sin embargo, ambas imágenes-la de Próspero Rey y la de Abelardo- se funden en el imaginario patriótico dominicano, uniendo así al hombre y la idea, al ser y el legado, al contenido y el mensaje, a la humildad y la grandeza, para rendir tributo al ideólogo de la independencia pura, simple y total “de toda potencia extranjera”, que mantuvo una postura ajena al anexionismo y al falso nacionalismo.
Hoy, a las puertas del 213 aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte, recordar el homenaje artístico que Abelardo Rodríguez Urdaneta dedicó a quien fuera figura cimera de la independencia de República Dominicana frente a Haití, que ofreció su brazo para luchar también contra la anexión a España, es un tributo de recordación a su ejemplo, un compromiso de contribuir a mantener siempre vivo el grito de “Dios, Patria y Libertad” que todo dominicano lleva en el corazón.

