María Fals Fors
M.A Historiadora del Arte. Crítica de Art

El pasado 27 de mayo de 2021 se efectuó la ceremonia virtual de graduación de los alumnos del nivel medio de artes plásticas de la Escuela Nacional de Artes Visuales (ENAV) actualmente bajo la dirección de la destacada artista visual y maestra Iris Pérez Romero.
Nueve valiosos graduandos recibían su diploma en estos tiempos tan complejos de pandemia, donde muchos no ven claro el fin de esta crisis sanitaria que afecta la sociedad humana en todos los órdenes.
Sus nombres Ana Mercedes Bueno Peñaló, Auris María Díaz Sosa, Carlos Luis Moquete Pérez, Elliot Andrés Anderson Turbides, Esperanza Montero Montero, Eva Pamela Mancebo Sánchez, José Ramón Elías Mercedes Sánchez, Ruchama Regis Bell y Yerson Alexander Ramírez Valdés.
Justamente un mes atrás, un 27 de abril de 2021, tuve el gran placer de reunirme virtualmente con algunos de ellos en un amplio conversatorio en torno a su futuro profesional y a los desafíos de los momentos actuales para los artistas emergentes, en el que tocamos la importancia del emprendedurismo, de las industrias culturales, del papel de las redes sociales y las plataformas
digitales en la difusión del arte y la cultura y la necesidad de que los jóvenes artistas y los creadores en general se unan para el logro de sus propósitos.
Cada una de estas promesas del arte dominicano viene a aumentar las filas de los artistas visuales dominicanos en momentos en que escasean las exposiciones, en que el mundo está sumido en una crisis general que toca también a la República Dominicana, en que nuevas variantes de la covid- 19 están a las puertas y en que la virtualización de la vida laboral, de la vida social y del arte es nuestra
cotidianidad.
Entonces, en medio de todo surgirá entre ellos las grandes preguntas que se hizo Gauguin hace más de un siglo en las islas de los Mares del Sur: ¿quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos? En la conversación que tuve con ellos vi que tienen sumamente clara la segunda interrogante.
Conocen y valoran de dónde vienen y la escuela de arte donde se formaron y todo lo que aprendieron en ella de cada uno de sus maestros, van encontrándose a si mismos en el quiénes son, todos dotados de gran talento van definiendo de forma acelerada y con claridad su estilo personal, sus temas, sus inquietudes artísticas.
La tercera interrogante es la que nos apremia a todos, seamos o no artistas. La que incluye el hacia dónde vamos, el qué hacer y el cómo proyectarnos hacia el futuro en esta Post Postmodernidad que a veces nos aturde y nos limita.
La fe y el optimismo son las palabras clave. El trabajo en equipo es la frase de orden. La llave es la creatividad, no solo para elaborar un cuadro o un mural, sino la que se aplica a la resolución de problemas prácticos. Es sumamente importante aprender continuamente de las experiencias vividas y de los saberes de otros, educarnos en la experimentación y la adaptación a los cambios como formas de vida. Y mantener en la conciencia el sentido crítico, la apertura y la flexibilidad ante todos los retos.
El nombre de Reset, escogido por esta nueva promoción de artistas visuales, nos indica que todos parten del conocimiento de la importancia del renovarse, de fomentar la capacidad de innovación, marchando sin vacilaciones hacia la búsqueda eterna de lo estético como una forma maravillosa de expresar el sistema de pensamiento y las vivencias de los seres humanos.
Observando las obras que presentaron es su graduación estos artistas noveles aprecio las de la arquitecta Ana Bueno, envueltas en una espiral de poesía que nos mueve entre lo figurativo y lo abstracto, entre el sugerir y el mostrar en una poética que evoca a la brisa de los cuentos y de los mundos paralelos, donde el color es solo un símbolo de diferentes reflexiones y estados de ánimo.
Contemplo también los músicos niños de Aris Díaz, que tocan al son de los buenos sueños y del amor salvando a sus ángeles fluidos y sus cíclopes tristes, que con mascarillas en sus rostros y con el corazón tricolor, nos contemplan mudos en un silencio lleno de cuestionamientos aún no formulados.
Me acerco luego a los espacios metafísicos de Carlos Luis Moquete, donde siento que se expresa en forma simbólica la incomunicación a través de figuras de ambos sexos que se dan la espalda, mientras un puente sin recorrer se atisba a través de una ventana, hacia el horizonte sólo mira un niño, uno de tantos, capaz de ver con los ojos del corazón lo que a los adultos nos resulta invisible.
Ellis Anderson nos sorprende con sus colores vibrantes y un toque de optimismo, de captación de la identidad dominicana en rostros mestizos, en los espejos de agua, en las casas humildes, en las sombrillas y gorras que coronan las cabezas de los personajes populares.
Esperanza Montero llega con una pintura de alta calidad, cuyas formas fluyen al son del viento del Este en un universo onírico e infinito, donde se descubren rostros, pies, fragmentos de cuerpos, máscaras de papel y sobre todo miradas que nos cercan con su fuerza y dulzura.
Eva Pamela Mancebo maneja de forma exquisita el dibujo, los cuerpos semi-figurativos y sensuales, lo biomorfico, nos muestra la preñez de la tierra y de la gente, los corazones unidos en el amor y el continuar. José Mercedes asombra, atrapa en su mundo paralelo y surreal, donde máscaras y cuerpos de un academicismo deformado, a través de la imagen paranoica nos conduce al encuentro del velero abandonado que nos llevará hacia las playas del País de Nunca Jamás.
Ruchama Regis se nos revela a través de cada imagen femenina, nadando entre las aguas puras que se llevan el maleficio y la agonía, salvando el tiempo de relojes persistentes que pretenden controlarlo, serpenteando por transitados caminos rumbo a la ola azul de los recuerdos.
Y Yerson Ramírez nos alegra la mirada con sus paisajes de colores complementarios que se traducen en paz, reflexión y búsqueda del amor, que sirven de refugio a cuerpos que escapan doloridos de otros lienzos rumbo a la vida y la alegría de un bello porvenir.
Reset ha salido a la arena, llena de deseos de aportar, de darse y de recibir, de procrear mundos con su gesto creador, de parir sublimaciones de lo transitorio, trocando en maravilla aquello que nos pasa inadvertido en el rápido vivir. Como dragón de nueve cabezas, Reset porta el fuego nuevo de los grandes inicios, ese que ilumina y quema, que calienta el alma. Adelante cada una de las llamas de Reset, el sendero del arte está a sus pies, continúen avanzando con sus tres talismanes: ser, confiar y crear.