Un discurso de Juan Bosch, documentos diplomáticos conservados por Naciones Unidas y memorandos secretos de Washington reconstruyen el enfrentamiento de 1963, desde el ultimátum de 24 horas al régimen haitiano hasta los planes estadounidenses para desplazar a François Duvalier del poder.
Por Fernando Quiroz Mora
El autor es periodista
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La noche del 28 de abril de 1963, el presidente Juan Bosch compareció ante el país acompañado de su gabinete y los jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Llevaba apenas dos meses en el poder, después de ganar, el 20 de diciembre de 1962, las primeras elecciones democráticas celebradas tras la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
La República Dominicana enfrentaba una crisis con Haití que había comenzado con la persecución de opositores al régimen de François Duvalier y alcanzado las instalaciones diplomáticas dominicanas en Puerto Príncipe.
Bosch habló de soberanía, de ciudadanos dominicanos amenazados y de haitianos perseguidos que habían buscado protección diplomática. Pero también anunció una decisión de consecuencias imprevisibles: el Gobierno había dado a Duvalier un plazo de 24 horas para rectificar su conducta y retirar las fuerzas policiales que vulneraban la misión dominicana.

“Hemos sufrido con gran paciencia los ultrajes del Gobierno haitiano. Pero esos ultrajes tienen que terminar ya. Si no terminan en un plazo de 24 horas, les pondremos punto final con los medios que se hallen a nuestro alcance”, advirtió.
El discurso pronunciado por Juan Bosch la noche del 28 de abril de 1963, ante su gabinete y los jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, fue reproducido por el periódico El Caribe en su edición del 29 de abril, página 9. El texto fue recogido posteriormente en el libro Discursos políticos: 1961-1966 (Presidencia de la República, 1998), donde se conserva la advertencia del mandatario al régimen de Duvalier y su explicación sobre el ultimátum de 24 horas transmitido por el canciller Andrés A. Freites.
Lo que comenzó como una controversia diplomática se transformó en un conflicto que movilizó tropas, provocó la intervención de la Organización de los Estados Americanos (OEA), llegó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y terminó ocupando personalmente al presidente estadounidense John F. Kennedy.
Los documentos de aquella época permiten reconstruir los hechos, pero también muestran las diferencias entre las declaraciones públicas, las conversaciones reservadas y los planes que se discutían en Washington.
El 28 de abril, el Consejo de la OEA comenzó a examinar el conflicto y dispuso la creación de una comisión investigadora. También pidió a ambos gobiernos abstenerse de cualquier acción que pudiera agravar las tensiones o poner en peligro la paz internacional.
Haití, por su parte, denunció el ultimátum como una amenaza de agresión armada y rompió relaciones diplomáticas con República Dominicana.
La controversia llegaría después al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde se dio espacio a la mediación regional para buscar una solución.
El atentado que desató la persecución
El episodio que precipitó la crisis ocurrió el 26 de abril de 1963, cuando un grupo armado atacó un vehículo relacionado con los hijos de François Duvalier. Tres integrantes de la escolta murieron en el atentado, que las autoridades haitianas atribuyeron a enemigos del régimen.
La respuesta de los organismos de seguridad fue inmediata. En Puerto Príncipe se intensificaron los arrestos, la persecución de opositores y la vigilancia de las representaciones diplomáticas extranjeras, donde varias personas buscaban refugio.
Uno de los militares que había solicitado asilo en la representación dominicana era el teniente haitiano François Benoit. Bosch explicó en su discurso que Benoit había llegado a la misión el 25 de abril, horas antes del atentado.
El mandatario denunció que, tras el ataque, fuerzas vinculadas al régimen haitiano ametrallaron e incendiaron la vivienda del oficial y asesinaron a varios de sus familiares, entre ellos su madre y dos niños.
La documentación estadounidense ofrece otra perspectiva sobre la autoría del atentado. Un informe secreto del 8 de mayo identificó al grupo opositor dirigido por Clément Barbot, antiguo colaborador de Duvalier convertido en adversario, como la organización que reivindicaba la muerte de los tres escoltas.
El embajador estadounidense Raymond Thurston describió el 2 de mayo una capital dominada por el miedo. En un telegrama dirigido al Departamento de Estado sostuvo que resultaba difícil exagerar el temor que se había extendido entre haitianos y extranjeros, mientras las fuerzas de seguridad perseguían a quienes consideraban opositores.
La represión no se limitaba a los sospechosos del atentado. El cerco de las embajadas buscaba impedir que nuevas personas obtuvieran protección diplomática y escaparan de las autoridades haitianas.
Fue en ese ambiente cuando se produjo el incidente que llevó a Bosch a lanzar su ultimátum.
La incursión en la misión dominicana
El 27 de abril, dos agentes haitianos armados entraron ilegalmente en las oficinas de la representación diplomática dominicana en Puerto Príncipe.
La investigación realizada posteriormente por una comisión de la OEA estableció que los policías penetraron en la cancillería de la misión pese a las advertencias del encargado de negocios dominicano, registraron las oficinas y permanecieron en sus terrenos hasta el 29 de abril.
En su discurso, Bosch describió la incursión como una agresión a la soberanía nacional. Aseguró que los agentes habían amenazado con sus fusiles a Katia Mena, secretaria de la representación diplomática, y denunció que las fuerzas haitianas mantenían rodeada la residencia donde permanecían 22 asilados, entre ellos mujeres y niños.
La comisión de la OEA confirmó la entrada ilegal en las oficinas diplomáticas, pero hizo una distinción importante: no encontró pruebas de que los agentes hubieran penetrado en la residencia donde estaban alojadas las personas asiladas.
El Gobierno haitiano rechazó las acusaciones dominicanas y sostuvo que su representación diplomática había sido utilizada para actividades contrarias al régimen de Duvalier. También alegó que los agentes habían actuado sin autorización superior.
El mensaje de Freites: 24 horas para rectificar
El canciller Andrés A. Freites remitió una comunicación al ministro de Relaciones Exteriores haitiano en la que exigía el retiro inmediato de los agentes policiales que ocupaban las instalaciones de la misión dominicana y reclamaba garantías para sus funcionarios y las personas asiladas.
El documento, fechado el 28 de abril de 1963, figura íntegramente en el anexo 2 del expediente S/5307 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, transmitido por la Secretaría General de la OEA.
La nota calificaba los incidentes como violaciones de las normas internacionales y sostenía que no se trataba de hechos aislados, sino de la culminación de una serie de provocaciones contra República Dominicana.
Freites acusó al Gobierno haitiano de intentar crear una crisis entre ambos países para desviar la atención de sus problemas internos. Al mismo tiempo, estableció una diferencia entre el pueblo haitiano y sus gobernantes, una posición que Bosch reiteraría durante su discurso.
La comunicación exigía tres actuaciones concretas: el retiro inmediato de las fuerzas policiales, garantías de seguridad para el personal diplomático y los asilados, y reparaciones por las ofensas y riesgos sufridos por la representación dominicana.
Advertía que si las autoridades haitianas no ponían fin a su conducta ni ofrecían las reparaciones y seguridades reclamadas, el Gobierno dominicano adoptaría, según el texto leído por Bosch, “con toda decisión, y a cualquier precio, las medidas necesarias para hacer respetar la dignidad y la soberanía de la nación dominicana”.
Freites estableció además un “plazo irrevocable de 24 horas” para que el Gobierno de Duvalier ofreciera pruebas inequívocas de una rectificación radical de su conducta hacia República Dominicana.
Bosch reiteró el ultimátum esa misma noche, cuando se dirigió al país acompañado de sus principales autoridades civiles y militares.
Aunque utilizó un lenguaje firme contra el régimen de Duvalier, Bosch dedicó parte de su discurso a impedir que el conflicto se transformara en hostilidad contra los haitianos residentes en República Dominicana.
Explicó que, al conocer los incidentes de Puerto Príncipe, había ordenado proteger la Embajada de Haití en Santo Domingo para evitar que ciudadanos indignados tomaran represalias contra la representación extranjera.
«El pueblo haitiano, tan trabajador, tan luchador, tan sufrido, no puede ser confundido con los tiranos que lo explotan y asesinan», expresó.
También pidió respeto para los haitianos que vivían y trabajaban en territorio dominicano y para quienes habían llegado buscando mejores condiciones de vida o protección frente a la persecución política.
Tropas en la frontera y una invasión que Bosch negó
La tensión continuó durante los primeros días de mayo.
Un informe secreto estadounidense, fechado el 8 de mayo de 1963, calculó que República Dominicana había concentrado aproximadamente 1,200 militares en la frontera con Haití durante las 48 horas anteriores.
El documento, conservado en la colección Foreign Relations of the United States (FRUS), también recoge que Bosch había asegurado al embajador estadounidense John Bartlow Martin y a un representante de la OEA que no emprendería una agresión no provocada fuera del marco del organismo regional.
En privado, según el mismo informe, el mandatario reconoció que las Fuerzas Armadas dominicanas carecían de capacidad para realizar una invasión exitosa de Haití y explicó que mantenía las tropas en la frontera principalmente para acelerar una respuesta de la OEA.
Pero las versiones sobre una posible intervención militar comenzaron a circular entre periodistas estadounidenses.
El 5 de mayo, los corresponsales Tad Szulc y Henry Raymont conversaron con Bosch y posteriormente comunicaron al embajador Martin que el presidente dominicano les había dicho que invadiría Haití a las 4:30 de la madrugada del 7 de mayo.
El diplomático informó a Washington y solicitó instrucciones.
El Departamento de Estado decidió que debía aconsejar a Bosch abstenerse de intervenir militarmente sin una autorización de la OEA. La preocupación era que una acción dominicana terminara desplazando la atención internacional de la represión de Duvalier hacia una eventual agresión de República Dominicana.
Sin embargo, cuando Martin habló con Bosch la mañana del 6 de mayo, antes de recibir las instrucciones estadounidenses, el presidente negó haber anunciado una invasión. Según el informe que posteriormente elaboró Dean Rusk, Bosch sostuvo que los periodistas habían deducido esa posibilidad de una conversación general.
También explicó que estaba utilizando la atención de la prensa para presionar a la OEA y mantener viva la crisis diplomática.
Kennedy pide explicaciones
El asunto llegó directamente al presidente John F. Kennedy.
El 4 de junio de 1963, después de leer informaciones de prensa que aseguraban que Estados Unidos había impedido en dos ocasiones que Bosch actuara militarmente contra Duvalier, Kennedy pidió explicaciones al secretario de Estado, Dean Rusk.
La pregunta presidencial fue concreta: ¿había intervenido Washington para detener al mandatario dominicano?
Rusk respondió mediante un memorando secreto fechado el 7 de junio. Su conclusión fue que las afirmaciones periodísticas no eran exactas.
El secretario de Estado explicó los contactos de mayo con Bosch y relató un segundo episodio ocurrido alrededor del día 14, cuando unos 60 o 70 exiliados haitianos que presuntamente se entrenaban en territorio dominicano para penetrar en el norte de Haití fueron desarmados y dispersados por las autoridades dominicanas.
Según Rusk, el Gobierno estadounidense conoció esa operación después de que había sido cancelada. Algunos participantes atribuyeron la suspensión a presiones de Washington, pero el memorando no confirmó esa acusación.
La respuesta de Rusk desmentía que Estados Unidos hubiera detenido directamente dos operaciones militares listas para ejecutarse. Sin embargo, otros documentos muestran que la política estadounidense hacia Duvalier estaba evolucionando hacia una colaboración reservada con los adversarios del régimen.
Una crisis que sobrevivió al ultimátum
El enfrentamiento entre Bosch y Duvalier no produjo la invasión que algunos informes periodísticos habían anunciado.
La intervención de la OEA, las presiones diplomáticas y las limitaciones militares contribuyeron a contener una confrontación abierta, aunque las tensiones entre ambos gobiernos continuaron durante los meses siguientes.
Bosch tampoco logró completar su primer año de gobierno. El 25 de septiembre de 1963 fue derrocado por un golpe de Estado, siete meses después de haber asumido la Presidencia.
