María Fals
La autora es crítica de arte
El concepto de identidad surge en el contexto de la psicología. Abraham Maslow define identidad como “la necesidad personal de contacto, intimidad y pertenencia a uno o varios grupos, con los cuales los sujetos buscan identificarse y ser aceptados y reconocidos.”
Rodrigo Vargas Salomón, en su artículo “Reflexiones teórico-metodológicas en torno a la identidad a partir de las aportaciones de los tres sociólogos clásicos; Marx, Durkheim y Weber” considera que poco a poco el estudio de la identidad fue vinculándose al campo de la antropología y la psicología y que “el estudio de la identidad comenzó a desarrollarse como una construcción social”.
Henry Tafjel a mediados del siglo XX creó su “teoría de la identidad social”, analizándola como forma de pertenencia, como categorización y como comparación social. Para Rodrigo Vargas los miembros de un grupo generan lo que llama “una construcción subjetiva de la identidad que se traduce en la definición quiénes somos y quiénes son los otros.”
Frederik Bart1928-2016) ve ya el concepto de identidad en el contexto social y cultural, otorgándole un carácter histórico y circunstancial y por tanto susceptible de ser modificado.
Uno de los principales estudiosos del tema de la identidad dominicana es Carlos Andújar que en su libro “Identidad cultural y religiosidad popular”, publicado en el 2004, la define como “el conjunto de valores tanto sociales como culturales, que se van forjando a través del tiempo constituyendo un soporte en la memoria social de los seres humanos que forman una colectividad y un sentido de pertenencia” (p.19)
Diferentes enfoques ideológicos-culturales en el contexto caribeño se han acercado al tratamiento de los temas identitarios y de las raíces culturales que han contribuido a su desarrollo como son la africana, la indígena y la española, entre otras. Entre ellos destaca el indigenismo o tainismo, que da primacía al estudio del legado aborigen como componente fundamental de nuestros orígenes identitarios.
En el mundo de las artes visuales, artistas como Thimo Pimentel, Antonio Guadalupe, Mircíades Andújar, Reyson Peralta y los artesanos de Yamasá, Hermanos Gullén, entre otros, han dado alto significado en sus creaciones al acercamiento a la temática indigenista.
El criollismo, fue un fenómeno no solo caribeño sino latinoamericano en general que comienza en el siglo XIX, cuando los nacidos en nuestro continente buscan diferenciarse de las metrópolis y encontrar lo propio, lo que los diferencia. El criollismo ha sido trabajado en la República Dominicana por artistas como Yoryi Morel, que en sus paisajes dio primacía a la luz y la naturaleza tropical, y Cándido Bidó con su mundo de palomas, de mujeres, maternidades y campos coloridos.
Muchos artistas han ido al rescate de los elementos culturales provenientes de la raíz negra, tal es el caso de Celeste Woss y Gil con su obra “El Mercado” (1944) y Jaime Colson con “Fiesta en Guachupita” (1953). Artistas emigrados españoles y catalanes como Vela Zanetti, José Gausachs y Antonio Prats-Ventós, contribuyeron mucho a la valoración de esta temática, junto a dominicanos como Gilberto Hernández Ortega, Clara Ledesma, Darío Suro y Paul Giudicelli.
Esta temática fue también trabajada por múltiples artistas como Ada Balcácer con su “Bacá Azul”, por Geo Ripley que la imbrica con referentes religiosos europeos, como las Vírgenes, e indígenas como el trigonolito y el casabe, por Manuel Montilla, quien obtuvo el gran Premio de la XVII Bienal de Artes Visuales en 1990 con su obra “ Fragmentación de un gagá”, por Myrna Gerrero, artista, curadora, historiadora y crítico de arte, por Luis Cimarrón, Iris Pérez y por Lucía Méndez, ganadora del gran premio de la 31 Bienal de Artes Visuales con su obra “Ritual de sanación “.
Estos y otros muchos, conscientes de que los elementos afrodescendientes conforman lo que Celsa Albert llama “la tercera raíz”, han dado importancia en lo simbólico, temático y formal a lo que África ha legado a la cultura caribeña.
Es importante precisar que en los procesos de construcción de nuestra identidad se han dado fenómenos como el sincretismo, la aculturación y la transculturación, que la identidad dominicana, en constante y necesaria evolución, no es una copia de nuestras raíces, sino un producto nuevo, conformado en el crisol del encuentro de diferentes culturas.
Reforzando el sentimiento identitario, conociéndonos y percibiéndonos como dominicanos, caribeños y latinoamericanos, desarrollando nuestro sentido de pertenencia a una cultura rica en valores y aportes, podremos contribuir en mayor medida al desarrollo de nuestra patria y dar a conocer todo lo hermoso que nos hace únicos.



