Margarita Quiroz
La autora es periodista, directora de elDigital.com.do
Para Daniel, hoy, fue el día que su padre salió de la cárcel, su presencia lo valida. No sabemos si hay cuestionamientos o no, dolor o frustración… Ahí estaba, el hijo que esta mañana casi pasó desapercibido, presente, casi inmóvil y expectante.
Como si fuese una sombra, un joven, de agraciada presencia y enorme parecido a Mario Redondo Llenas, permaneció detrás de él, casi inmóvil y expectante, en el momento en que éste salía de la cárcel de Najayo tras cumplir 30 años de condena por asesinar a su primo, el niño de 12 años, José Rafael Llenas Aybar, en 1996.
Era las 7:00 de la mañana de este martes, 5 de mayo, los periodistas vociferaban unas tras otras preguntas frente a un ecuánime Mario, quien aseguró asumirá esta nueva etapa, con tres enfoques: «arrepentimiento, respeto y vocación de servicio».
Ya un cincuentón, Mario Redondo Llenas manejaba el escenario – el frente de la prisión- como si se tratara de un culto y experimentado expositor multitudinario. Mientras, el joven, en posición de guardaespaldas, se confundía entre los demás.
Para los periodistas, el foco de atención era el hombre que cometió uno de los crímenes más horrendos que ha sacudido la sociedad dominicana, y que cumplía condena de 30 años. Pocos advirtieron un más allá: el gran parecido entre ambos y, ni siquiera, la alerta del uso, de camisas rosadas; un código o simple coincidencia.
Ese joven es Daniel Redondo, el hijo que Mario Redondo Llenas concebió mientras guardaba prisión, y del que casi nadie sabía.
Para Daniel, hoy, fue el día que su padre salió de la cárcel, su presencia lo valida. No sabemos si hay cuestionamientos o no, dolor o frustración… Ahí estaba, el hijo que casi pasó desapercibido, presente, casi inmóvil y expectante.



