María Fals
La autora es crítica de arte
Inaugurada en marzo en el Museo Bellapart, con obras pertenecientes a las colecciones de Pedro y Alexis Haché y del propio Museo Bellapart.
Mario Carreño (1913-1999) fue un artista cubano que se vinculó a numerosos estilos y movimientos como el cubismo, el surrealismo y la abstracción. Tuvo influencia del neohumanismo colsoniano y durante sus años en México aprendió de la experiencia del muralismo mexicano.
Nació en La Habana y estudió en la Academia de San Alejandro, fundada en 1818 como la segunda creada en América. Se encontró en México en 1936 con Jaime Colson, el pintor dominicano, convirtiéndose en su gran amigo y discípulo. Carreño aprende de Colson la técnica del DUCO que utiliza la pintura industrial de rápido secado. Viajan posteriormente a Cuba donde Colson expone y luego se marchan a París.
A partir de 1939 Carreño se establece en E.E.U.U., aunque va por temporadas a Cuba donde contacta con David Alfaro Siqueiros. A partir de 1946, se convierte en profesor de pintura de The New School for Social Research en New York.
En la década del 40 profundiza la temática criolla e identitaria, observándose en sus obras la presencia de lo afrodescendiente, como ocurre en “Danza Afrocubana”, en “Cortadores de Caña” y “El Manicero” de 1943. En ellas se aprecia el geometrismo, la captación del dinamismo y la intensidad del color que nos hace sentir en presencia de una impronta futurista. Lo tropical, lo selvático, lo exuberante, lo autóctono mezclado en cada gesto de sus personajes, dan fuerza expresiva a estos trabajos.
A partir de la década del 50 en el arte cubano y latinoamericano se produce un fuerte acercamiento a la abstracción, de la que no escapa la obra de Carreño, quien entra en un período de fuerte abstracción geométrica donde equilibra el color y el dibujo, que se extiende hasta mediados de la década del 60.
A partir de 1958, por la situación política de Cuba durante la dictadura de Batista, entre otros motivos, se establece de forma definitiva en Chile, país que había visitado anteriormente en varias ocasiones, invitado por el poeta chileno Pablo Neruda.
En esta etapa chilena es encomiable su labor pedagógica en espacios como la Escuela Técnica Federico Santa María en Valparaíso y la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile, en la que llega a ser subdirector y profesor de dibujo y pintura. En este país evoluciona cada vez más hacia el surrealismo, utilizando la imagen paranoica que manejó también Dalí.
En las décadas del 80 y del 90 mezcla en su estilo aspectos propios de cada etapa evolutiva de su arte, integrando el cocodrilo tropical, la hamaca, las plantas, los corales y las mujeres sin rostro del Caribe, con los espacios infinitos y las tierras oscuras de los campos chilenos, juntando academicismo, criollismo, surrealismo, dinamismo, vida y esperanza en un resumen de lo que ha sido su legado artístico, como se puede apreciar en obras como “Mujer en selva Tropical” de 1985.
Mario Carreño vive en cada una de sus obras, en Cuba y fuera de Cuba, en su legado artístico, en los espacios de sus coleccionistas, en los museos, en sus discípulos, en la labor de la Fundación Mario Carreño, en su mensaje artístico y en la fuerza de sus composiciones.
Ese Carreño, poderosamente cubano y universal y el gran Colson dominicano y del mundo que fue su gran amigo, establecen un diálogo visual en la exposición “Conexiones. Jaime Colson-Mario Carreño”, inaugurada en el mes de marzo en el Museo Bellapart, con obras pertenecientes a las colecciones de Pedro y Alexis Haché y del propio Museo Bellapart.
Esta muestra cuenta con la curaduría y museografía de Myrna Guerrero, artista visual, historiadora del arte y directora del Museo Bellapart, que supo organizar de manera fascinante las “conversaciones” entre estos dos maestros de la plástica, demostrando su interinfluencia a través de un maravilloso discurso museográfico.