María Fals
La autora es crítica de arte
En República Dominicana el tema ha sido trabajado extensamente en diferentes épocas.
El pensamiento religioso y la conciencia estética han estado imbricados desde sus orígenes. Y en la Cristiandad, la Pasión de Cristo ha sido representada con mucha frecuencia, tanto en la pintura como en otras manifestaciones del arte.
En el Renacimiento italiano, Leonardo Da Vinci pintó “La última cena”, una obra de extraordinario mérito y reconocida fama debido a su manejo de la composición ternaria, su perspectiva centralizada y la caracterización psicológica de cada uno de sus personajes. Durante el manierismo, considerado por muchos la última etapa del Renacimiento, a través del predominio de las formas fluidas y arbitrarios matices de color, “El descendimiento” fue interpretado por Jacopo Carrucci (Pontormo).
En el propio periodo, artistas renacentistas de otras partes de Europa, como es el caso de Juan de Juanes de España, hicieron obras en torno a “La última cena”. Para representarla, Juan de Juanes introduce una escena más dinámica que posee de fondo un arco de herradura, de influencia mudéjar.
Ya en el Barroco, en la propia España, el tenebrista Francisco Zurbarán pintó a “Cristo en la Cruz” con gran fuerza dramática. Francisco de Goya, maestro renovador que se ubica entre los siglos XVIII y XIX, tiene entre sus mejores obras “El prendimiento de Cristo”.
A fines del siglo XIX, destaca la pintura de Paul Gauguin “El Cristo Amarillo”, que rompe los paradigmas del color y del manejo de tema sagrado. En ella aparece un Cristo de ese tono caprichoso de piel, trabajado de forma estilizada, dejando a un lado las proporciones clásicas, rodeado de mujeres cabizbajas, ubicadas en medio de un campo con árboles rojos y casitas lejanas. El rostro de Cristo se asemeja al del propio artista que lo pintó.
Ya en el siglo XX, los pintores expresionistas alemanes, cargados de angustia existencial por la Primera Guerra Mundial, representaron con frecuencia a Cristo y numerosos temas bíblicos. Es el caso de la obra “Cabeza de Jesucristo” de Karl Schmidt-Rottluff, donde acude un simbolismo del color cercano al de Van Gogh, dejando el amarillo de la “Vida” para la parte superior de la figura y el azul de la tristeza para su mirada y su barba.
Dentro del surrealismo, se destacó Salvador Dalí con su “Ultima Cena” y con el “Cristo de San Juan de la Cruz”. En la primera, en un ambiente atemporal y fantástico, la silueta de Jesús y su rostro sagrado destacan sobre las figuras de rostros ocultos de sus apóstoles, mientras la esencia de su espíritu se alza sobre toda la escena. En “Cristo de San Juan de la Cruz”, Jesucristo Crucificado se levanta, en una composición inusual, sobre la barca desde donde calmó la tempestad.
En América Latina, afamados pintores como el colombiano Fernando Botero, fallecido en el 2023, se han acercado a estas temáticas. Botero es el autor de la serie “Vía Crucis: la pasión de Cristo” donde integra elementos modernos propios de la realidad cotidiana. Cristian Camargo, argentino, utiliza sus murales en función evangelizadora, transmitiendo fe y esperanza en lugares como su país natal, Colombia y Kenia.
En República Dominicana el tema ha sido trabajado extensamente en diferentes épocas. Por citar solo un ejemplo, durante el 2022, recién salidos de la pandemia, un grupo de artistas dominicanos, de Latinoamérica y el Caribe , hicieron una exposición colectiva itinerante con la temática de la Santa Cena, donde se incluyó pintura, performance, instalaciones, música y gastronomía, que recorrió el Museo de Historia y Geografía de la Plaza de la Cultura de Santo Domingo, el Centro Perelló de Baní, la Casa de Cultura “ Coronel Cándido Bidó Ventura” de la Fuerza Aérea Dominicana y la Casa de Cultura de Jarabacoa, en una propuesta estética de renovación, unidad, tolerancia, fe y esperanza que mantiene su vigencia plena en estos momentos donde la PAZ en todas sus facetas es una de nuestras necesidades más apremiantes.

