María Fals
La autora es crítica de arte
La cerámica, denominación derivada del término keramicos-tierra quemada- proveniente de la lengua griega, es el arte de fabricar diferentes objetos con barro húmedo y someterlo posteriormente al calor, ya sea al sol, en una hoguera o en un horno para su terminación final.
El incremento de su auge llega en el período neolítico de la Prehistoria, pero ya existen antecedentes de esta técnica desde el Paleolítico superior, observables en figuras pequeñas que representaban ídolos, cocidos al calor del fuego que se usaba en las cuevas habitadas por precarias comunidades para combatir el frío.
En el Neolítico vasijas, vasos y otros objetos utilitarios o devocionales hechos con barro pardo se decoraban con incisiones que formaban líneas en zig-zag, meandros, círculos concéntricos entre otras figuras para embellecer sus paredes. Muchas de estas decoraciones tenían además un carácter mágico religioso.
En la medida en que la cerámica evolucionó, fueron también decorándola con pigmentos minerales o de origen orgánico. En el neolítico apareció el torno del alfarero, una mesa circular y giratoria que facilitaba el proceso de elaboración de los objetos creados en esta técnica.
Alrededor del segundo mileno antes de Cristo en la Antigua Mesopotamia, hoy Irak, surgió la cerámica vidriada, en la cual los objetos eran recubiertos con pasta vítrea de diferentes colores con un doble propósito: impermeabilizarlos y embellecerlos. Así se fabricaban ladrillos brillantes con figuras de animales fantásticos que decoraban los muros de los palacios, de los zigurat y las murallas, vasijas hermosas que mostraban en su superficie exterior escenas de la vida cotidiana.
La cerámica vidriada, conocida como terracota vidriada, también se utilizó en territorios como Egipto y la China Antigua. En la Antigua Grecia se desarrolló, entre otras, las técnicas de la figuras negras, donde los personajes se pintaban con engobe, una mezcla de arcilla, pigmentos y óxidos metálicos como el óxido de hierro, sobre la superficie roja del barro. A partir del siglo VI A.C. se invirtió la técnica, desarrollándose el estilo de figuras rojas.
En Roma, cultura ecléctica, se practicaron todos los tipos de cerámica anteriores, las cuales trascendieron también al Imperio Bizantino y al mundo islámico. En China, esta técnica comienza a practicarse desde el 11.000 A.C. en el Paleolítico Superior. Los chinos desarrollaron diferentes variantes de cerámica como la terracota vidriada y el gres, y fueron los geniales inventores de la porcelana, mezcla de feldespato, caolín y arcilla blanca, que por su resistencia al calor, permite una excelente vitrificación de la pieza.
En la dinastía Tang (618-907) comienza a exportarse hacia los países islámicos y posteriormente a Europa. Los europeos, como Bernard Palissy, pasaron largos años tratando de descubrir cómo fabricarla, pues era muy costosa, hasta que en el siglo XVIII comienzan a fabricarse objetos de este material en Meissen, actual Alemania. Otras factorías pioneras en la elaboración de porcelana europea fueron Saint-Cloud y Sèvres, en Francia en la época del Rococó.
En América Precolombina la cerámica tuvo un origen muy temprano en la zona de Valdivia, actual Ecuador, alrededor del 3200 A.C. Su producción se extendió por todo el continente, siendo las más famosas las cerámicas nazcas en el Perú por su policromía y la de los mochica, que elaboraban retratos realistas de personas y animales, que a su vez eran vasijas donde almacenar líquidos. Estas culturas influyeron posteriormente en las artes decorativas de los incas.
En Las Antillas se destacaron los ingeris, que fabricaban una hermosa cerámica modelada a mano, pintada en blanco y rojo, tanto de carácter utilitario como ceremonial. Los tainos no pintaban sus cerámicas, excepto en el estilo chicoide que utilizaba pigmentos negros. Generalmente las decoraban con relieves, incisiones punteadas o lineales y motivos zoomorfos, antropomorfos y abstractos.
Volviendo al continente europeo, ya en el siglo XIX, el Art Nouveau en sus distintas variantes se convierte en el estilo predominante en las artes decorativas. Dentro de la cerámica Art Nouveau se observan diferentes técnicas como la loza y la porcelana, decoraciones inspiradas en la naturaleza con motivos estilizados y el clásico latiguillo, propio de este arte.
Ya para 1925, el Art Nouveau deriva al Art Decó, donde las formas curvas se vuelven cada vez más geométricas y angulosas y los colores utilizados se tornan más contratantes.
A través de este estilo aún supervive lo decorativo, que cada vez se va haciendo menos frecuente en la cerámica, predominando cada vez más lo utilitario y carente de decoración por influencia del diseño racionalista o funcionalista de la Bauhaus.
En la segunda mitad del siglo XX, muchos artistas plásticos como Pablo Picasso y Joan Miró, utilizaron la cerámica artística como forma de expresión para elaborar sus obras.
En nuestro país grandes ceramistas, tanto en el área de la artesanía como en las artes visuales, como Paul Giudicelli y Belkis Ramírez, ya fallecidos, Carlos Despradel, la familia Doñé, Freddie Cabral, los hermanos Guillén, Iris Pérez, José Sejo, Lucía Albaine, Luis Muñoz, Miguel Ramírez, Said Musa, Sonia Vásquez, Thelma Leonar Espinal, Thimo Pimentel, Teidy Mora e Ysabela Molini, entre otros, han creado obras maravillosas en este antiguo arte de darle forma al barro para convertirlo en sueño, en realidad palpable y en objeto que adorna y complementa nuestra vida cotidiana.