Margarita Quiroz
La autora es periodista, directora de elDigital.com.do
Ayer, leí una información sobre la decisión tomada por el actor argentino, radicado en méxico, Juan Soler, que da cuenta sobre no permitir -a nadie- que decida ante una complicación de salud. Es una voluntad anticipada: «Déjenme partir en paz», dice. El actor sufrió un susto que lo llevó a una hospitalización y a la vez a tomar esta decisión, determinante.
Por igual, sufrí un gran susto y, a la vez, tomé una decisión: desde el 31 de diciembre 2025 me sentí enferma, no identificaba las señales que emitía mi cuerpo y pensé en buscar ayuda médica. Tras un maratón de consultas, analíticas, estudios y mucho dinero invertido en mi salud, se pudo identificar el ‘mal’: años de trabajo, y en consecuencia, un cansancio extremo. Simplemente, el cuerpo pasa factura y de mala manera.
En definitiva son decisiones. Muchas las pensamos en nuestro beneficio, otras en beneficio de quienes amamos y otras en beneficio de quien o quienes nunca van a reconocer nuestro esfuerzo y entrega.
Hoy me escribió por WhatsApp el hijo mayor del periodista ya fallecido Leo Hernández, (mi pareja de 20 años y padre de mis hijas). Jonathan es el hijo que nunca tuve, amigo y mayor confidente, indirectamente me habló de lo mismo. me pregunté, ¿será que estamos atravesando la crisis de los tá?, él es mayor, que conste.
Le sigue doliendo que sus padres ya no estén -su mamá, Alicia, también falleció-, lo normal cuando se fue muy apegado y amado; experiencia vivida.
Como confidente, le invité a tomar decisiones que podrían provocar algún cambio en su vida y que me han ayudado.
Por igual, mi hija pequeña Sarah Leonor, quien tiene la condición de autismo, ha tomado la decisión de aprender a cocinar, y experimentó una alegría inusitada al quitarle el cascarón a dos huevos hervidos para el desayuno de hoy.
La mayor de mis hijas, quien presentó tesis como Médico, se debate en la toma decisión de dónde realizar su pasantía, un paso importante y exigido por el Ministerio de Salud dominicano como requisito para obtener su exequatur y, en la cual, gracias a Dios, me ha involucrado, entiendo, no como guía, sino buscando la aprobación a lo ya decidido. Bien, si hubiese querido no me hace partícipe, otra dicisión.
Otras personas han decidido casarse, como es el caso de hijo de Jonathan, tener hijos, hacer un postgrado, emprender, divorciarse, buscar un nuevo o mejor empleo, renunciar, alejarse de personas tóxicas, buscar de Dios, entrar al seminario, ser monaguillo, como mi sobrino Sebastián, dejar de controlar el mundo, guardar silencio, o hablar, aprender a querer a todo el mundo como es, aprender a escuchar, a valorar más a los padres, a consentirlos, si se dejan, y hasta no hacer nada, dando fiel cumplimieto a la filosofía del cantante mexicano Cristian Castro.
La cuestión es, expresión usada por mi querido padre, que al analizar mis decisiones, junto a todos los ejemplos citados, pensé en lo que ya todos sabemos: la vida está llena de toma de dicisiones, la diferencia es que algunas serán más radicales que otras, más disruptivas, atinadas, conciliadoras, terapéuticas beneficiosas… pero en definitiva, son decisiones y a la corta o a la larga hay que tomarlas.
