María Fals
La autora es crítica de arte
¿Y el arte del siglo XXI? ¿Qué ha sucedido en nuestra época? El arte postmoderno, cargado de contradicciones y de complejidades, retoma los aportes del pasado y los recrea, los usa a su antojo en dependencia del gusto y la temática del artista, los integra y los mezcla.
A través de los siglos el artista visual ha reinterpretado de forma subjetiva y estética todo aquello que en su realidad puede conmoverlo. Se ha valido de la emoción para trasmitir su mensaje, de un “algo” indescriptible que lo conecta con el resto de las personas y con el universo.
En la Prehistoria, el arte paleolítico que representaba los animales que deseaban cazar para su supervivencia, fue evolucionando ya en el mesolítico hacia otro más sintético y anecdótico, donde aparecían cazadores en movimiento y mujeres conduciendo el ganado. En el neolítico se carga de signos abstractos, de líneas quebradas, de espirales que expresaban el todo.
La teocracia egipcia se valió del artista y de sus creaciones para crear una imagen de rígida grandiosidad, donde lo monumental, lo eterno y lo trascendente eran principios que garantizaban no desaparecer. En Grecia clásica la belleza fue la expresión ordenada del orden, la perfección y la medida. Figuras con rostros impasibles y la tensión reflejada en cada músculo como el Discóbolo de Mirón y la Atenea Partenos de Fidias son muestras de un ideal estético y social, donde el ser humano era el centro de todas las cosas.
También en la Antigüedad, el hombre como “animal político”, con su faz surcada de arrugas, con sus imperfecciones, con sus ambiciones, es el paradigma que se representa en los retratos realistas romanos, mostrando la realidad interna y externa de cada personaje.
En el románico de la Edad Media, el artista-artesano-monje anónimo vuelca la mirada a un Cristo Pantocrátor que condena a los pecadores al fuego eterno. Ya en el gótico, la expresión de la religiosidad se dulcifica, humaniza y a la vez se espiritualiza a través del alargamiento, buscando en la verticalidad de las figuras un acercamiento a lo divino. La virgen madre sostiene a su hijo, lo abraza y amamanta sentada en su trono de amor.
Los principios humanísticos de la Antigüedad tienen eco en el Renacimiento, donde renace un sistema de pensamiento que pone en un lugar cimero al ser humano con todas sus posibilidades de transformar el mundo.
El David de Miguel Ángel observa de forma retadora no solo al Goliat, sino a todo lo que le rodea, y es la representación en mármol de la concepción del mundo que condujo a Enrique el Navegante, a Cristóbal Colón y a Fernando de Magallanes a desafiar las profundidades del mar y a vincular pueblos que se desconocían mutuamente.
A través del desarrollo en espiral, propio de la vida y del arte, llega el barroco. Con él se vuelve a ver a Dios como centro, el artista exalta la infinitud espacial, el recargamiento decorativo de los altares dorados, la columna salomónica que se retuerce para ascender al cielo. El color, el misticismo, el tenebrismo de Caravaggio y de Zurbarán nos adentran en la lucha entre la oscuridad y la luz, entre la muerte y la vida eterna.
El Rococó del siglo XVIII llega enamorado de lo pequeño, de lo femenino, de la ternura y la frivolidad. Las ninfas vuelven a poblar los lienzos, los desnudos sensuales muestran la belleza del cuerpo humano, el paisaje de fondo nos habla de la belleza de la naturaleza y de sus flores, idealizando una época que por sus injusticias condujo prontamente a la Revolución Francesa.
A partir del siglo XIX, con los procesos de industrialización, la velocidad de la vida se hizo más vertiginosa. Lo mismo, en paralelo, sucede con el arte, que muta rápidamente de un movimiento a otro, sin que desaparezca todavía el anterior. El Neoclasicismo, que había nacido en el siglo XVIII, está aún en plena vigencia y desde la Academia, se opone a las renovaciones que traen consigo el romanticismo y su arte dinámico y pasional, a la expresión crítica y descarnada del realismo, a los experimentos con la luz y el color de los impresionistas.
En el siglo XIX se produce un fuerte enfrentamiento entre movimientos, se impone una visión individual, los artistas incomprendidos por el público, por los críticos y por los que cultivan y consumen un arte acartonado y académico buscan exponer de forma independiente y hacer formas de arte más libres que finalmente trascendieron y se impusieron, legando pinturas inmortales como La libertad guiando al Pueblo de Delacroix, el entierro en Ornams de Courbet, la Olimpia de Manet, e Impresión del sol naciente de Monet. Estas obras mostraron las verdades que el Neoclasicismo académico no quería enseñar: la guerra revolucionaria, un simple entierro de aldea, la belleza del cuerpo de una mujer de vida libre, la policromía de un amanecer.
A finales del siglo XIX, las obras de los postimpresionistas como Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Toulouse Lautrec, entre otros, son la antesala de renovaciones pictóricas propias del arte de Vanguardia del siglo XX y constituyen antecedentes de la fiesta de colores arbitrarios propia del fauvismo, de la deformación expresionista, de la geometrización del cubismo, del onirismo del surrealismo.
Estas y otras vanguardias como el futurismo, el dadá, los estilos abstractos como el neoplasticismo, suprematismo, constructivismo, aportaron nuevas visiones estéticas, algunas de ellas enfrentadas, haciendo del siglo XX un período altamente prolífico en movimientos artísticos, que continuaron a mediados y finales del siglo XX con la postvanguadia y el desarrollo del expresionismo abstracto, del arte pop, del óptico cinético, del hiperrealismo, las diferentes variantes del arte efímero, el minimal art, el arte povera, las transvanguardia y el neoexpresionismo.
¿Y el arte del siglo XXI? ¿Qué ha sucedido en nuestra época? El arte postmoderno, cargado de contradicciones y de complejidades, retoma los aportes del pasado y los recrea, los usa a su antojo en dependencia del gusto y la temática del artista, los integra y los mezcla.
Se apropia del dadá, de su estética del absurdo, de su utilización de objetos industriales o elementos del entorno para descontextualizarlos y otorgarles un nuevo significado, integra las nuevas tecnologías, el video arte, el arte digital y la inteligencia artificial en un eclecticismo poderoso y sin nomenclaturas donde la palabra de orden es lo ilimitado.
El artista es un sujeto social que vive en un entorno cada vez más global, por tanto, su arte es expresión de lo que cada época ha gestado, de sus logros y de sus miserias, de sus contradicciones y de sus avances. El arte refleja
¿Quiénes somos, de dónde venimos y hacia donde vamos?, como el título de una obra inmortal de Paul Gauguin. El devenir del arte nace de la vida misma y de lo que el ser humano ha sido capaz de crear.