Margarita Quiroz
Hasta hace poco me enteré por qué siempre me protegió. Leonora Ramírez me lo confesó, entre risas y anécdotas, mientras recordábamos nuestras vivencias en el desaparecido vespertino Última Hora. «Era que esos hombres te miraban como carne fresca»… Entonces, reí y le agradecí.
Recién había llegado desde La Vega e iniciaba mi vida laboral, tras un paso efímero por el periódico El Siglo, ella, mientras, también provinciana, de San Juan de la Maguana, ya conocía lo que se movía en una redacción controlada por hombres. Corrían los últimos meses de 1996, y para suerte mía nuestros cubículos quedaban frente a frente.
Leonora formaba parte de la edición dominical, Junto a Vivian Jiménez y Pedro Ángel Martínez, bajo las directrices de Ruddy González. El Dominical, como se le llamaba, era una entrega especial en la que se publicaban trabajos de investigación, muy esperados, gracias a estos estilos inconfundibles y el peso de sus firmas.
Pese a su juventud ya Leo, como les llamamos en el medio, era una veterana, a destacar, nunca fue mezquina con sus conocimientos, disfrutaba enseñar, pero desde el amor y la entrega. Tampoco nunca se guardó un reconocimiento, cuando entendía que lo publicado valía la pena ser leído.
Me dio la oportunidad de escribir para el Dominical, para ese tiempo esperaba a su primera hija, junto a su esposo, el también periodista Julio Castillo. La barriga era tan grande -recuerdo- que apenas podía caminar, por lo que en el equipo se requirió refuerzo.
Leo, fue cómplice de mi relación amorosa con el periodista Leo Hernández, nuestro jefe de redacción. «Sólo ustedes dos pensaban que nadie lo sabía en el periódico, tú estaba al frente y veía cuando ambos cerraban el teléfono al mismo tiempo», segunda confesión.
La vida nos separó, de ese ambiente laboral, pero volvimos a reencontrarnos en el periódico HOY. Trabajó allí durante 22 años, mientras yo, el próximo 3 de diciembre, cumplo 21. Casi tres décadas conociéndonos, compartiendo nuestra pasión por el periodismo, viviendo el día a día de las noticias, olfateándolas, analizándolas, lamentándolas y en ocasiones celebrándolas.
Fue un ser humano de excepción, por lo que quiero agradecer, (agradecerte), primero por la amistad, por el elevado nivel de humanidad, por no tener poses y demostrar que lo importante no es tener sino ser.
Gracias por provocar que riera, por los almuerzos compartidos, lo enseñado y aprendido, por enviarme las notas de prensa que te llegaban de diferentes instituciones, por decirme que eras la jefa de redacción de elDigital.com.do y que te podía pagar con dos cervezas, tu bebida favorita.
Gracias por confiarme tu estado de salud, por creer en mí y alentarme a seguir adelante, sobre todo en momentos duros, como cuando perdí a Leo.
El lunes, pasé por Cedimat, me dolió tanto ver tu agonía a causa de ese maldito cáncer de mama, y enterarme, ayer temprano, del desenlace. Te he llorado desde entonces.
Hoy, miércoles 3 de mayo, te despedimos, pero ya tu lo habías hecho conmigo, como si presintiera lo que iba a pasar. Tras tu muerte me di cuenta: «Te quiero, Margot», me escribiste el pasado 23 de marzo, tu último mensaje en Whatsapp. «Te quiero Leo», contesté, y quiero que lo sepas donde quiera que estés.
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