Margarita Quiroz
El presidente Luis Abinader desde que asumió el poder en 2020 decidió apostar por esta ‘rompedora’ tendencia, solo usa corbata en eventos muy formales, no sabemos si por estética, por el calor que hace en esta isla o por, simplemente, montarse en esta ‘onda’.
Mucho, mucho antes de que Barack Obama asumiera la presidencia de los Estados Unidos, Fidel Castro y Hugo Chávez casi nunca usaron corbata, deducimos que por motivos ideológicos. Al entrar Obama a la Casa Blanca – el primer presidente negro de esta nación, (2009 -2017) – llevó de la mano un estilo más relajado, a la hora de vestir, con el que rompió los formalismos de sus antecesores. Iniciando así la Era de los presidentes sin corbatas.
Obama, simplemente se llevó de consejos. En junio de 2008, la diseñadora italiana Donatella Versace dedicó al mandatario su colección, y se permitió darle un consejo de cara a la campaña electoral: «Yo eliminaría la corbata y usaría camisas con más vida». Dicho y hecho. Poco a poco, el candidato estadounidense fue dejando de lado la seriedad del traje y aprovechaba cualquier ocasión para quitarse la corbata.
Su estilo gustó tanto que líderes europeos comenzaron a emularlo, por ejemplo, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, en septiembre de 2016 se reunió con Obama en la Cumbre del G20, luciendo un traje azul grisáceo sin corbata. A su lado, el mandatario estadounidense, ya en su segundo mandato, de negro y, fiel a su estilo.
Muchos recuerdan esa foto: fue épica, por la tensión entre los dos líderes mundiales, fruto de la no muy cordiales relaciones históricas entre estas dos naciones.

Al estilo desenfadado de Obama también se sumaron líderes revolucionarios como Rafael Correa, Ecuador, Nicolás Maduro, Venezuela, Daniel Ortega, Nicaragua, José- Pepe- Mujica; Uruguay …
Mujica, conocido como ‘el presidente más pobre del mundo’, simplemente se apegó a su esencia.

En sus años de juventud este radical guerrillero, inspirado en el socialismo cubano, permaneció en prisión en tres ocasiones y escapó en dos. La primera está documentada en el libro Guinness de los récords de 1971. Nunca antes se habían fugado tantos presos a la vez, 111 en total, entre ellos uno que sería presidente de Uruguay, y uno de los más admirados de Latinoamérica.
En 2010 hasta 2015 fue presidente de esta nación suramericana y, al asumir el poder, de inmediato renunció a los trajes a la medida, así como a cosas más importantes como a la Residencia Presidencial de Suárez y Reyes (que usó sólo para actos oficiales), y al 90% de su salario presidencial. Condujo un Volkswagen escarabajo modelo 87, una moto, y prefería viajar al extranjero en clase turista.
Con el paso de los años, la apuesta de los mandatarios por lucir una imagen más relajada ha ido tomando más fuerza. En El Salvador, Nayib Bukele, su presidente, nunca lleva, ni siquiera el día de su toma posesión . Este político y empresario, quien llegó a la presidencia gracias al voto femenino, ¡miren por qué! tan solo tiene 41 años.

En nuestro país, mandatarios como Antonio Guzmán e Hipólito Mejía vistieron chacabana, pero los trajes, siempre lo acompañaron con corbata.
Joaquín Balaguer, Juan Bosch, Salvador Jorge Blanco, Leonel Fernández y Danilo Medina, se guiaron siempre del protocolo rígido establecido. Balaguer, Bosch y Leonel con más apego, al punto de que éste último, por ser el más joven, durante sus mandatos, recibió grandes críticas. Ahora, como líder de la Fuerza del Pueblo luce más desenfadado, incluso su hijo Omar Fernández se comprometió en Twitter en lograr una transformación.
El presidente Luis Abinader, en tanto, desde que asumió el poder en 2020 decidió apostar por esta ‘rompedora’ tendencia, solo usa corbata en eventos muy formales, no sabemos si por estética, por el calor que hace en esta isla o por, simplemente, montarse en la ‘onda’.

El último que se ha sumado a la Era de los presidentes sin corbatas es el nuevo mandatario de Chile, Gabriel Boric, quien asumió el poder hace tres días, y, como ven, lució sin esta.
El mandatario chileno, quien hace solo diez años atrás era un dirigente estudiantil, se tomó la tradicional fotografía junto a sus futuros ministros, en Cerro Castillo, quienes tampoco llevaron, rompiendo el protocolo de usar un atuendo formal acorde a tan solemne ceremonia.

